Gessamí

1
No quería abrir los ojos. Estaba escuchando a un pajarillo cantar y no me gustaba, porque eso quería decir que el mundo ya había amanecido. Pero yo aún no estaba preparada. Solo pensar que tenía que enfrentarme a él me provocaba… mariposas no, polillas en el estómago… Tenía la boca asquerosamente seca, de hecho en ese momento recordé cómo soñaba que me levantaba hacia el fregadero a beber agua… uno de estos sueños en los que crees estar despierta y en ellos calmas tus necesidades, pero en realidad no me había movido de la cama. Por eso ni siquiera podía tragar saliva…
Lancé la mano hacia el suelo y busqué a tientas la botella de agua, entreabrí los ojos (ya era hora) y eché un trago… Oh….. mi cabeza….. Miré al despertador. 12:54….
¿Qué día era? Mierda, aquella noche me había pasado tres pueblos, y en unas horas entraba a trabajar. Agh……. me deprimía mirar a mi alrededor y ver la habitación apenas iluminada por tres rendijas de la persiana; me asfixiaba, había calor, durante la noche debí de sufrirlo mucho porque mi camiseta estaba encima de la mesita de noche y uno de los calcetines se había perdido en el fondo de mi cama…..
Sin muchas ganas me levanté y corrí a subir la persiana. El puto patio de luces. Qué maravillosa vista. “Iré al salón a echar un cigarro”…..
……………………
El botón del ascensor estaba hecho una mierda. No me extrañaba nada que el alquiler de aquel piso fuese tan barato, desde que yo estaba de inquilina no había asistido a ninguna reunión de vecinos, porque nunca había visto ningún tipo de cartel. Bueno, realmente no podía quejarme, me gustan los rincones acogedores y la única condición que exigí en mi búsqueda de nido era que el salón / salita tuviese una gran ventana a la calle… sabía que con mi sueldo no podía permitirme mucho más y la idea de sentarme en el sofá y no tener una ventana que mirase al exterior me agobiaba tremendamente. Y soy una persona que los agobios los lleva muy mal… Pero había tenido suerte, aquella mini-salita-cocina tenía un gran ventanal que aunque daba a los pisos de enfrente, si te apoyabas en la repisa de dentro y mirabas hacia la derecha podías ver un parque que había una manzana más allá. Aquello para mí era suficiente. Y además era un sexto que tampoco estaba nada mal…
“Por Dios que no baje ningún vecino”
- ¡Hola!
- Hola…- Bah, el vecino del séptimo era un chaval majo, jovencito, aunque demasiado tímido para mi gusto. Creo que aún estaba estudiando la carrera. Siempre que me lo topaba me saludaba con una sonrisa en la cara y bajaba la vista inmediatamente. No parecía mal chico, pero no sé, siempre asentía a lo que le decías y decía “ya tía” a todo… y tú pensabas ¿me estará escuchando algo de lo que le digo?. Además tenía cara de angelillo, de guaperas. El típico “buen cristiano”… la gente sospechaba que era gay, pero bueno, nunca me he fiado demasiado de las lenguas que corren por los vecindarios… Además aquel chico no tenía pluma.
Deseé que no me hablase ni del tiempo…
- ¿Qué tal todo?- dijo mientras alzaba la vista al techo como si él no hubiese hablado…
- Bien… – contesté tímidamente y con una sonrisilla en la boca… había un escupitajo en el suelo del ascensor… ¿quién habría sido el guarro?…
- Ah….-…silencio… – ¿vas a trabajar?
- Sí- mientras asentía lentamente con la cabeza; él también movía la cabeza, parecía que teníamos muelles en el cuello, parecíamos gilipollas.
- ¿Qué tal Milo?- Horror… carraspeé
- Ehm… bien…
- Ah… Hace mucho que no os veo por el bar.
- Ya no estamos juntos.
Abrió los ojos como platos. ¿A quién quería engañar? ¡Yo sabía que aquello se la traía floja! Pero no, tenía que hacer de buen gay y mostrarse preocupado, así que me cogió de la mano… yo tenía ganas de que me soltase, no me gusta que me cojan de la mano, pero él me miró y dijo:
- Lo siento tía…
Llegamos a la planta baja, menos mal, Gelín (como era conocido… realmente se llamaba Ángel pero siendo tan cortadín nadie podía llamarle por un nombre tan serio. Es curioso, por que Gelín era un ángel… Pero a la gente inocente tendemos a ponerles diminutivos).
Salí escopetada de aquel ascensor, pero él seguía mi ritmo
- Oye, ¿lo llevas bien?
- Sí… – Joder, déjame en paz.
- No en serio – Y se detuvo enfrente de mí. Tuve que parar y alcé la vista hacia su cara- ¿de verdad estás bien?- Vaya, realmente su cara expresaba verdadera preocupación…
Bajé la vista y mis manos empezaron a temblar, se me llenaron los ojos de lágrimas. “Ahora no…”
- ¿Quieres quedar un día de estos para hablar?
- No, no hace falta de verdad… – murmuré
- En serio… – Y me cogió la barbilla con sus dedos, pero como un acto reflejo yo aparté mi cara, no quería que me viese en aquel estado. – Te vendrá bien.
Le miré y se me escapó una sonrisa.
- Vale.
- Venga- dijo ahora más animado- ¿cuándo descansas?
- El Viernes.
- Bien, pues el Viernes por la tarde te vienes a tomar un café a mi casa, ¿de acuerdo?.
- Vale – Y le sonreí. No le ofrecí la mía porque prefiero visitar yo a la gente, así luego no tengo que andar echando a nadie de mi casa para poder quedarme sola.
- Bueno, me voy que he quedado con un amigo y ya llego tarde. ¡Hasta luego!- Y marchó corriendo
- Chao… – Me quedé allí quieta, delante de los buzones. No me apetecía ver a nadie. Eché un vistazo a ver si tenía cartas, pero nada más que publicidad….. Bueno… había que ir al trabajo…
Me aproximé a la puerta del portal y salí, una oleada de calor me sacudió… “que tengas un buen miércoles…” me dije a mi misma.
2
- ¡Hombre, ya llega mi relevo!- Dijo con alegría Juan mientras iba desabrochándose el mandil de la cintura. Al otro lado de la barra estaba su novia que había venido a buscarle. Yo entré por la puerta sofocada, como todos los días, porque siempre iba al trabajo a galope y cuando llegaba estaba como un tomate y casi sin respiración. Soy una acelerada. Les sonreí y me dirigí hacia el almacén.
Entró detrás de mi Helena, la novia de mi jefe, y se apoyó en el congelador mientras yo me quitaba la camiseta para ponerme el “uniforme”.
- ¿Qué tal ayer?…- me dijo mirándome con una sonrisa burlona.
- Buff, calla, la lié muy gorda.- Se incorporó.
- ¿Te quedaste mucho tiempo después de que Juan y yo nos fuésemos?
- Pues la verdad… ¿a qué hora os fuisteis?
- No sé, pronto, a la 1, que hoy Juan madrugaba.
- Sí, pues yo creo que llegué a casa a las 4… Tuvo que acompañarme Marta a casa porque entre cómo iba y que era demasiado de noche… Es un cielo de chica, me dejaron estar allí mientras cerraban y luego se ofreció para llevarme.
- ¿Pero bebiste mucho?
- Hombre, la copa que me tomé con vosotros, pero es que luego como me vieron deprimida empezaron a invitarme a chupitos, y luego a Jorge le dio por sacar una botella de champán para celebrar la ruptura (ya ves tú que gilipollez), y bueno, la verdad es que él cerró el pub bastante contentillo también. De hecho dejó el coche en el parque y fue andando hasta casa.
- Jajajaja.Te venia bien una así- y me dió un beso en la mejilla- Ya verás como pronto aparece otro. Y si no aparece, ¡pues chica, aprovecha la soltería! Tú no sabes a cuanto renuncio por tener a éste al lado…
- ¿Habláis de mí?- Dijo Juan mientras asomaba la cabeza por la puerta
- ¡Por Dios Juan que estoy en bragas!
- Uy perdón…- y salió escopetado
Terminé de vestirme y salí a la barra.
- ¡Bueno! Pues que te sea leve – me dijo Helena mientras me guiñaba un ojo. Se acercó a la barra y dijo muy bajito- Y hazme caso, después de 7 años te apetece variar un poco, así que aprovecha que ahora estás a tiempo…
- ¡Cuca!- Voceó Juan desde la puerta, qué bruto era jajajaja – dile a Sonia que esta noche haga caja de todo el día, que yo por la mañana no he tenido tiempo- una mierda, en la cafetería no había nadie- Y que mañana, en vez de venir a las 10 como vino hoy, que venga a las 8 que tiene que ayudarme a colocar unas cosas en el almacén.
- ¿Y no puedes llamarla y decírselo tú?…..- Dije con algo de fastidio…
- A ver…… tú díselo, con suavidad, y si te pone esa cara que dices, tranquila, no es que te tenga manía, es que es así… pero no es mala chica, créeme… llevo aquí con ella 1 año y he aprendido que es así con todo el mundo, pero que no se da cuenta… Venga Reina, te veo mañana. ¡Hasta luego!.
- ¡Besitos!- Helena, que es así de cariñosa
- Chao
Que no es mala chica… ¡es una víbora! ¡Y una remolona! Pasa por delante de la máquina de café, ve que casi no queda grano molido, ¡nah!, ¡Para qué lo va a rellenar! ¡Será mejor hacerlo cuando la gente salga del cine y vengan todos atropellándose!….. Y así todas… si no es muy visible, pasa de largo y ¡bah!, que lo haga la otra, la nueva… Y claro, ¡la nueva ya está hasta lo cojones! . Pero es Que no es mala chica… ¡es una víbora! ¡Y una remolona! Pasa por delante de la máquina de café, ve que casi no queda grano molido, ¡nah!, ¡Para qué lo va a rellenar! ¡Será mejor hacerlo cuando la gente salga del cine y vengan todos atropellándose!….. Y así todas… si no es muy visible, pasa de largo y ¡bah!, que lo haga la otra, la nueva… Y claro, ¡la nueva ya está hasta lo cojones! . Pero es
que sé que si no lo hago, en las horas puntas esto iba a acabar como el Apocalipsis… y yo me pongo muy nerviosa…
Bufff… afuera hacía un sol de espatarrarse… y eran las 4, la gente a esas horas estaba durmiendo la siesta… con lo bien que estaba yo en la playa…….
Toda la cafetería estaba limpita, todos los vasos colocaditos, los servilleteros llenos, los ceniceros limpios… habían pasado el polvo al botellero….uy….. eso quería decir que hoy no hubo mucha gente… Dios… como me dolía la cabeza… Pero bueno, como dicen, contra la resaca, cerveza, fresquita, así que fui al tirador y me eché una caña. Me senté en un taburete y me puse a ver la tele… no había más que basura, y eso que teníamos el canal por cable, pero nada… y los únicos canales de música que había eran el latino (que se pasaba todo el día puesto), y otros dos que no es que fuesen mucho mejores. Así que puse el de documentales. Así por lo menos aprendería algo…
Las 5… solo había sentadas 4 viejas tomando un cafetín, estas iban ahora a la playa… qué envidia…
…Jose Miguel López….. Milo….¿Por qué ya no? ¿Qué había hecho para que ya no quisiese? Solo le esperé… No es normal que aquel día llorase como una magdalena y que de repente, en mes y pico ya no sintiese nada por mí. No debí dejarlo… Pero es que si seguía en aquella situación me iba a volver loca… o eso o nos acabaríamos matando… Yo solo quería darle un susto, ver como reaccionaba ante mi perdida y que luchase por volver a conseguirme, que viese que por su actitud podía perderme… y sí, en un principio lo conseguí… en un principio… y solo era un “hasta luego”, como el me dijo…
Entró un señor mayor por la puerta y se sentó en la barra, cogió el periódico. Fui a preparar el café y el chupito de whisky, era un habitual del bar, con su puro.
… Y en ese mes de vez en cuando habíamos quedado, y nos habíamos enrollado… pero yo ya le notaba distante… Y un día va y me llama, y me dice: “tenemos que quedar”.
El señor me dejó el cambio como propina. Le di las gracias amablemente.
… yo creía que íbamos a volver… y me dice: “Tengo que darte la respuesta ya. ¿Qué pasa si te digo que ya no quiero volver contigo?”
Me derrumbé y me eché a llorar, como había hecho él solo un mes antes.
En una de las mesas del fondo se sentaron una parejita de adolescentes. Cogí la bandeja.
…. “¿Pero por que ya no?”….
- Una Coca cola y un Trina de manzana- dijo aquella chica pecosa
… “¡Es que tú me exiges el 100%!” Dijo casi gritándome “ ¡y yo no puedo dártelo! Tienes que cambiar… Eres muy posesiva…”
- Gracias- ahora tenía que ir a darles el cambio.
….Seguro que en ese mes y pico había aparecido otra….. ¡Yo en ese tiempo me había limitado a esperar sus llamadas y cuando quedaba con él hacia todo lo que él quería! ¡No decía ni pío para que él estuviese a gusto y no tuviese queja! ¿Y por qué en ese tiempo….?
- ¡Uy perdón!- Les había tirado la botella de Trina, menos mal que estaba vacía… es que no sé dónde tenía la cabeza…
…¿Por qué entonces se había acostado conmigo?……
- ¡Hola Tesoro! – Oh, ahí estaba Vania, me encantaba esa mujer, era pura sensualidad, una mujer autónoma e independiente, que iba a contracorriente y sin embargo todo el mundo la admiraba, yo también. Se sentó en la barra, cruzó las piernas y se prendió un cigarrillo.
El señor de al lado se quedó mirándola, no me extraña; su figura, su melena, su majestuosidad al andar me recordaban a un caballo salvaje. Tenía una larga melena negra (como sus ojos) espesa y ondulada por abajo. Hoy venía poco maquillada, solo un toque rojo en sus carnosos labios, estaba pintando la boquilla del cigarrillo. Creo que tenía unos 33 años. Solía vestir trajes de chaqueta y pantalón o chaqueta y falda. Parecía una ejecutiva. Sus curvas quedaban perfectamente entalladas. Yo quería ser como ella. Pero me faltaba bastante pecho.
- Hola Vania- Dije alegremente- ¿qué te pongo hoy?
- Ummmm- entornó los ojos hacia arriba y soltó el humo hacia el techo. Qué cuello….- Un vodka con Martini blanco….. con una rodajita de limón….con hielo, estoy asfixiada….y ponme una tapita de aceitunas.
- ¿Qué tal te va todo? Hacía unas semanas que no te pasabas por aquí…
- Ay cariño… he estado en Portugal haciendo unas fotografías, me he recorrido todos los barrios pobres de la mayoría de las ciudades: Lisboa, Oporto, BraganÇa, Portimao… No sabes las cosas que he visto por allí… Y bueno, he estado preparando una exposición con el tema de la pobreza en Portugal… Ya sabes, es lo que más se lleva ahora… niños desnutridos, con mocos, chavolas, suciedad… a mi ese tipo de fotografía no me gusta, ¡mi pasión es la experimental!. Pero pocos son los que saben valorar mi arte, y de algo tengo que comer. En fin…
- ¿Y cuando es la exposición?
- ¡El lunes la inauguro! Dime que vendrás… – dijo medio ronroneando- Además va a haber un cocktail y una especie de “fiesta cool” para toda la plantilla artística de esta ciudad. Será un ambiente muy falso, pero te encantará, a ti que te va todo esto de lo bohemio. La mayoría de ellos ven arte hasta en la taza del inodoro, pero bueno, me salva que la exposición es un tema “serio” y vendrá también el alcalde y gente más seria. Un exitazo. ¿Vendrás no?.
- El lunes trabajo… pero bueno, puedo ir otro día…..
- Ah bueno… no te preocupes, si te apetece pásate otro día a verla, pero te lo digo yo, es un coñazo.- se quedó mirando hacia la calle. De repente empezó a buscar en su maletín- ¿Quieres ver unas que he hecho en mi tiempo libre? ¡Éstas te van a encantar!
Sacó un sobre y lo posó encima de la barra. Lo abrí y saqué un block con unas diez fotografías. Ella se arrimó a mí para verlas también.
- Mira, ésta me encanta… Y ésta, ésta la hice con una chica que tenia un agujero en la lengua, así el gancho la atravesaba sin lastimarla, pero con la sangre alrededor el efecto es fantástico… y mira este pobre perro… tiene la rabia contenida….- Fotos un poco….. desagradables. Mutilados, perros moribundos, un parto no muy agradable, la verdad…..
Entonces me detuve en una. Era un hombre de unos 60 años, estaba desastroso, con un mono y un casco en la cabeza. Debía ser obrero, sí, parecía que estaba en la construcción de un edificio. Pero me pusieron los pelos de punta. Tenía una mano apoyada contra un muro y la otra puesta en su estómago. Se le veía de perfil, estaba medio encogido y su cara reflejaba un intenso dolor, debía estar sufriendo un cólico o algo parecido……
- Fíjate bien…..- me dijo Vania
- Vania, te encanta recrearte en el dolor ajeno… ¿no te dio pena sacarle una foto en ese estado?
- Te he dicho que mires bien…
No sé, me quedé mirando a la foto. Me estaba dando pena… De repente me fijé que en la mano sostenía algo… agarraba algo….. aquella mano no estaba posada sobre los riñones ni en el bajo vientre… Aquel hombre estaba sufriendo los placeres del onanismo.
- ¡¡¡¡¡¡Agh!!!!!- Exclamé echándome para atrás con cara de asco
- Jajajajajaja- Vania se desternillaba- ¿qué te dije?
- Joder….. ¿cómo conseguiste esta foto?
- Bueno… pues… digamos que le ofrecí algo de dinero por sacarle una foto en faena.
- ¿Y aceptó? ¿Pero cuánto le pagaste?
- Nada, una miseria. Me dijo “Si hombre, y qué vas a hacer a cambio, ¿una mamada?”
- ¿¡No se la harías!?
- No mujer… no hizo falta, solo tuve que levantarme la falda y abrirme de piernas… mirar parece que le bastó.
- Ah. – no me atreví a hacer ningún comentario. Realmente me había quedado apijotada, me sentía como una cría 7 años que ve a una señora en top-less en la playa.
- Bueno cariño, me voy que tengo una cita.
- Ah- Yo estaba cortadísima.
- Mañana igual me paso a hacerte una visitilla,¿ok?
- Vale- Sonreí, mi típica sonrisa de tonta, la que ponía cuando no sabía que decir, todo el mundo decía que me hacía cara de buena, de encantadora, pero era una sonrisa de acojonada.
- Chao Cielo… – Y se marchó contoneando su culo. El señor de antes se quedó mirando como se alejaba por la calle y suspiró, volviendo su vista al periódico.
Esa era Vania.
……………………..
Las 7. Sonia entraba en “El Remolón” y se iba directa al almacén dándome un saludo entre dientes. Bueno, llegaba justo para la salida de la gente del cine. Me acerqué al almacén y piqué antes de entrar.
- Pasa- dijo su grave voz desde dentro.
Asomé la cabeza y con la mirada de corderín dije:
- Sonia… me dijo Juan que esta noche cuando hicieses la caja que la hicieses del día completo que él no pudo…
Resopló mientras se ponía la camiseta. Ya me daba miedo decirle lo siguiente…..
- …Y que si mañana puedes venir a las 8 para ayudarle a no sé qué…
Se puso delante de mí. Me miró a los ojos. Qué ojos más verdes tenía, parecían los de una serpiente. He de reconocer que era guapa, pero su cara de mala ostia la afeaba bastante…
- Hay alguien en la barra – Me indicó con la cabeza.
- ¡Ah! Sí, ya voy…
El que faltaba… No podía verle delante…… Allí estaba, con su camiseta de Iron Maiden roñosa. ¿No tenía más o qué? Tenía una medio sonrisa. Mario o Marcos… no recuerdo ni como se llamaba. Pero es que tampoco me apetece. Era “coleguilla” del jefe, y un día vino a hacerle una visita. Estábamos cerrando y él no dejaba de mirarme. Era bastante feo, la verdad. Debía andar por los 30 años… pero estaba destrozadísimo. Sus dientes eran marrones, su pelo estaba lamido, y siempre tenía un cigarro entre sus amarillos dedos. Pero no era su aspecto físico lo que me repugnaba, era su… no sé… sus vibraciones… no solía hablar mucho, y llevaba toda la tarde sentado en una esquina de la barra mientras mi jefe no dejaba de contarle batallitas. Pero tenía la mirada tan sucia… Aunque mi jefe le estuviese hablando no apartaba sus ojos de mí, y tampoco se le borraba aquella media sonrisa de lelo. Llegó la hora de cerrar y el tío se quedó allí con nosotros. Me puse a limpiar el baño de mujeres como me tocaba todos los fines de semana, y allí estaba yo agachada fregando la taza del inodoro… cuando de repente sentí una presencia. Me giré. Allí estaba él justo detrás de mí. Mirándome sin decir nada, y con su puta sonrisa. Le miré y me dio tanta repulsión que me giré otra vez hacia la taza del inodoro. Agachada… “mierda, los pantalones se bajan y están enseñando más de lo que quisiera…” y él seguía allí. Carraspeé fuertemente a ver si se daba por aludido, pero nada.
- Así que te gusta el jevi, ¿no?.
¿Qué narices había hablado con Juan?
- Bueno, tampoco me da más. – Dije sin girarme
- Yo bueno… escucho de todo….- Tenía voz de bobo. Cogí en cubo, tiré el agua por el inodoro y tiré de la cisterna. Salí apartándole con el codo y sin mirarle a la cara. No me dijo más hasta que salimos de la cafetería.
Pero empezó a venir casi todos los miércoles y los fines de semana cuando ya era tarde. Y allí estaba otra vez, sin falta a su cita, en la barra soltando humo por sus agujeros nasales.
- Hola- Y puse una sonrisa falsa – Qué quieres.
- Un café solo con unas gotas de coñac- Me giré para preparárselo. Ya sentía su mirada sobre mí.
Entró Sonia en la barra y parece que como un imán aquello empezó a llenarse de gente. Era la hora. Nos pusimos manos a la obra. Los ojos de la hiena seguían posados en mi trasero. Hoy llevaba bragas, era bueno por que así no se asomaba ninguna goma de tanguita que pudiese provocarle alguna erección.
Se fue. Por fin. No paramos hasta las 9 que era cuando la gente solía abandonarnos para irse a cenar… Ahora tendríamos una larga espera hasta las 12, esa espera estaría llena de rellenos de neveras, limpieza de materiales y cincuentones alcohólicos. Había llegado a tolerarlos. Sabían que no podían pasarse de la raya porque Juan les conocía a todos y a la mínima que nos hiciesen él les ponía en su sitio. Así que piropos cero y amabilidad a tope, si no, no había alcohol. Era un acuerdo.
Eran las 11 de la noche… me detuve a tomar algo… no sabía qué tomar… Pensé que tal vez no fuese mala idea salir esa noche a tomar algo en el “Primera Línea”, para despejar un poco. Y quién sabe, tal vez estuviese allí ella…
¿Ella? “Sí… era raro” me dije. Siempre me habían parecido atractivas las chicas, de hecho siempre que veía el cuerpo de una mujer en una fotografía no podía apartar sus ojos de ella, porque las curvas femeninas siempre me han parecido de las cosas más hermosas de este mundo. Pero nunca NUNCA se me había pasado por la cabeza el tonteo con una.
Yo la conocía de vista de verla en el pub de nuestros amigos, y me parecía mona de cara, aunque Milo pensaba que era normalucha y con cara de enfermiza. Por lo que nos había contado Jorge era su amiga de la infancia, y era lesbiana. Él había estado muy enamorado de ella hasta que un día se topó con la realidad y no tuvo más remedio que empezar a sentir por ella lo que se siente por un amigo.
Y aquella noche para olvidar, de borrachera con Juan y Helena, estaba ella con sus amigas. Hacía 6 meses que no pasaba por el Primera Línea aunque bueno, tampoco es que saliésemos mucho. Milo siempre estaba cansado del trabajo y solíamos quedarnos en casa viendo alguna película. Aquella noche fue de reencuentro con Jorge y Marta. Así que cuando se fueron Juan y Helena comenzó la ronda infinita de chupitos.
Había un grupo de chicas. Formaban un corro al lado de la barra que llamaba bastante la atención por que no paraban de reírse escandalosamente mientras brindaban con sus jarras de cerveza. No había mucha gente en el bar, así que Juan y Marta se fueron un momento a la despensa a por las botellas, y yo me quedé mirando a mí alrededor sosteniendo en una mano una copa de Ron con coca cola y en otra un cigarro y me cabeza. Ahogaba mis penas en alcohol. En los sofás había una pareja de ecuatorianos, dos chicos hablando muy íntimamente y un hombre dormido. Dirigí mi mirada al gallinero de la barra. Todas parecían mayores que yo. Y allí entre ellas estaba Poli. Sin darme cuenta me dejé raptar por su baile. Llevaba unos vaqueros apretados, y una camiseta de manga corta negra. Cuando levantaba sus brazos la camiseta subía y enseñaba picaronamente el hueso de la cadera. Se giraba y contoneaba su culo con gracia. Tenía la piel como el mármol. Sonreí. Seguí subiendo la vista y recorrí su cuello, era delgado. Tenía media melena, el pelo muy liso y rubio natural. Su cara parecía la de un niño. Tenía dos grandes ojos azules casi transparentes. Sus labios eran pálidos pero gruesos, y tenía unas marcadas ojeras. Sostenía un cigarro en su mano y levantaba la jarra mientras se abrazaba a sus compañeras de risas. No sé que edad tendría, parecía joven, pero su mirada la delataba…
Entonces me miró. De repente me puse roja e intenté disimular mirando hacia otro lado. ¿Qué había pasado? ¡Me había quedado atontada mirándola, y sentía cierta excitación!. Debía ser el ron… Pero entonces ella sostuvo su mirada con sus ojillos entre cerrados por la molestia del humo, los empujones de sus amigas la llevaban de una lado a otro, pero ella me miraba, y entonces alzó su jarra una vez más y me sonrió mientras asentía con su cabeza. Yo le devolví la sonrisa y bebí un trago de mi copa.
El resto del tiempo fueron un ir y venir de miradas. Y cuando llego la hora en la que sus colegas decidieron irse, ella les lanzó dos besos a los camareros y me dedicó su ultima sonrisa antes de abandonar el pub.
Esta noche puede que volviese a verla…
Miré a Sonia. “¿Por qué no?”
- Sonia
- Dime – estaba pasando un trapo a las copas del fondo.
- …¿Te apetece un trago?
- Un trago de qué- dijo prestándome bastante más atención de la que solía prestarme habitualmente.
- No sé. Ron, whisky, vodka…
Se detuvo. Se quedó callada. “He metido la pata”. Lo único que yo había probado allí de alcohol era algo de cerveza y nunca delante de mis compañeros porque me sentía incómoda. A Sonia nunca le había visto probar una gota durante el trabajo…
- Vale. Ponme un Four Roses con una piedra de hielo. ¿Qué celebramos?- Su boca hizo un gesto extraño. Vale, una sonrisilla. Era un comienzo, después de 2 meses…
Dieron las 12 muy largas y Sonia y yo nos despedíamos como si nos hubiésemos conocido esa noche y no nos hubiésemos caído mal del todo, incluso le ayudé a hacer caja y esperé a que cerrase el bar del todo. Yo tenía cierto colorcillo en la cara y aunque fuese verano, me parecía que hacía demasiado calor para ser de noche.
Mi casa estaba a 4 manzanas y dos antes estaba el Primera Línea. “O pasas de largo o la liamos. Estas a tiempo de ser una buena chica”. Vi a Jorge en la puerta. “Bah, solo una cerveza”.
………………….
- ¡Hombre!,¿ Hoy te animas también a tomar algo?
- Pues ya ves……
Bajé las escaleras y entré. Sonaba música “trip-hop” o algo parecido. Era una música electrónica-ambiental que te permitía relajarte pero también moverte si querías.
- ¡Hola Marta!- Miré a mi alrededor. Había bastante gente… pero ella no estaba.
- Hola cariño- nos dimos dos besos- ¿Ya recuperaste de la de ayer? – y se rió.
- Sí, de hecho ya vengo animada jajaja.- Apareció Jorge por detrás.
- ¿Resaca?
- Ninguna
- ¿Una copa?
- Vale – Sí, una cerveza…..- tenéis esto muy lleno para ser miércoles.
- Ya ves – contestó Jorge- es que hubo fiesta de la facultad de económicas y aquí nos están llegando los últimos “fiesteros” jajajaja. Qué tal lo llevas hoy…
- …bueno… mejor que la semana pasada… pero no sé, hay muchas cosas aun que no entiendo…
- Pasa de él – dijo Marta- ya te dije que era un raro. Y lo que hizo contigo no estuvo bien, se portó como un cabrón.
- No creo que fuese un cabrón… creo que no sabía lo que quería…
- Claro, y mientras se aclara te utiliza ¿no?. Fue un hijo de puta por mucho que pretendas defenderle.
- No lo sé….- se me pusieron los ojos llorosos.
- ¡Hola!- dijo una voz risueña. Miré al extremo de la barra. Allí estaba. De repente el corazón me dio un vuelco y se me inundó de una extraña alegría. “¿Ves tonta? Al final vino…”
Se puso a hablar con Marta. Estaba sola. Llevaba una camiseta de Pearl Jam de color gris, un poco floja, y unos pantalones anchos beige por la rodilla. Empezó con una cerveza. No sé que estaban hablando pero no me hacía ningún caso. Yo la miraba.
- Nena- miré a Jorge avergonzada- Que parece que te gusta – y sacó la lengua
- Qué dices… – y me reí
Empezamos a hablar de la relación con su novia. Resulta que tenían un problemón porque llevaban 3 semanas viviendo juntos y estaban a broncas todos los días, y ella le había planteado volver a vivir separados, no porque la relación hubiese empeorado, sino porque a pesar de lo mucho que le quería, se había dado cuenta de lo necesario que era para ella su propio espacio. Y él no lo entendía. Yo intenté explicárselo pero el pobre no comprendía nada, creía que si no quería vivir con él era porque le quería menos… En estos casos siempre me toman como confesionario o consultorio. Debería poner un consultorio para arreglar los problemas de las parejas, por que aunque que a mi se me daba fatal mantener una, he de reconocer que era muy buena dando consejos cuando lo veía con objetividad.
Me pedí otra copa. Jorge y Marta se pusieron a atender a un grupo de amigos.
- ¿Quieres?- Miré a mi derecha. Era Poli. Sus grandes ojos azules me miraban directamente. La miré extrañada y levanté una ceja, mientras un calorcillo se apoderaba de mis mejillas- Una calada…
Su manita sostenía un cigarro liado.
- Es maría- sonrió.
Me había puesto muy nerviosa. La marihuana y el hachís siempre me ha sentado fatal, me colocaba muchísimo y me dejaba completamente ausente. Me dejaba en una especie de estado petrificado mirando a cualquier punto en la nada, y cuando pasaba algo delante de mí solía cambiar el punto de vista, pero me quedaba así, extasiada, contemplando y disfrutando de lo que había delante de mis ojos y lo que entraba por mis oídos. Por eso no me gustaba fumar cuando salía, prefería hacerlo cuando estaba en un sitio tranquilo y del que sabía que no me iba a mover. Algunas veces incluso, empezaba a sentir un hormigueo por la planta de mis pies que iba subiendo y acababa en mi intimidad. Aquel hormigueo cada vez era más intenso y sin moverme ni tocarme podía casi llegar a tener un orgasmo. Por eso tampoco me gustaba fumar con la gente, porque aquella reacción era a veces incómoda.
- Solo una calada- sonreí. Le cogí el porro y le di una calada profunda… el humo llenó mis pulmones y saboreé toda su esencia. Me encantaba. Expulsé el humo- No doy más porque si no me sienta fatal.
- ¿En serio? Mujer, que solo has dado una.
- Ya, pero tú no sabes lo mal que me sientan estas cosas jajaja.
Nah, no será para tanto- y ladeó su cabeza con una pose coqueta. En ese momento me sentí fatal conmigo misma. Estaba mirando sus ojos mientras ponía una sonrisa picarona, y me di cuenta en ese preciso instante de que me sentía como un tío salido. Vamos, como que estaba dando esa imagen, que había dejado de lado mi lado femenino para convertirme en un baboso. Era la primera Nah, no será para tanto- y ladeó su cabeza con una pose coqueta. En ese momento me sentí fatal conmigo misma. Estaba mirando sus ojos mientras ponía una sonrisa picarona, y me di cuenta en ese preciso instante de que me sentía como un tío salido. Vamos, como que estaba dando esa imagen, que había dejado de lado mi lado femenino para convertirme en un baboso. Era la primera
- vez que experimentaba aquello. Miré a mi alrededor pensando que alguien podía estar fijándose en nosotras y me di cuenta de que la vida continuaba sin tenernos en cuenta.
- ¿Pearl Jam, eh?- dije señalando su camiseta.
- Sí, ¿los conoces?- casi sorprendida.
- Claro, es uno de mis grupos favoritos.
- ¿No me digas? Era el mío cuando era una adolescente pero bueno, con el tiempo han ido perdiendo importancia para mí, aunque aún les tengo cariño jejeje ¿Y que más música escuchas?.
- No sabría decirte, creo que soy una especie de melómana, no tengo un estilo marcado, aunque de lo que más tengo es de rock.
- Ah, a mí también me encanta.
En ese momento entablamos una conversación muy animada sobre grupos, solistas, estilos, discos, letras, etc… me apasionaba hablar de aquello, y aquella chica sabía mucho. Por fin había encontrado a alguien como yo en ese sentido. He de reconocer que me siento un bicho raro entre las mujeres por mis conocimientos musicales, que no es que sean muy amplios, pero por norma general no suelen ser del gusto del género femenino. Estuvimos no sé cuánto tiempo hablando, perdí el contacto con el resto de la realidad, y Jorge y Marta no se volvieron a acercar a nosotras.
- Marta, ponnos unas jarras
- Poli, son las 3- dijo la camarera.
- ¿Y? Yo hasta mañana a las 3 de la tarde no entro a currar.
Nos sirvió dos jarras más. Me sentía muy suelta y hablamos de todo. Trabajo, estudios, relaciones… Me contó que era lesbiana, y al ver que yo no ponía cara de sorprendida o que no reaccioné en absoluto ante su declaración, se animó a contarme su ultima relación. No había acabado muy bien. Entonces yo me puse a hablar de lo mío con Milo, y ella me escuchó con total atención.
- ¿Osea que eres hetero?
- Bueno… sí.
Nos quedamos calladas. Yo no sabía que decir para arreglarlo pero bueno… que pasa, le había dicho la verdad, no iba a mentirla.
- ¿Te apetece dar un paseo por la playa?- dije para romper aquel incómodo silencio.
- Bueno…
Nos despedimos y nos dirigimos entre calles hacia el paseo.
- Entra un chico en un bar- La miré por que no sabía de qué me estaba hablando- Es un acertijo.
- Ahhhh. Sigue, sigue.
- Bien, le pide un vaso de agua al camarero. El camarero saca una pistola y le apunta. Entonces el chico le da las gracias y se va. ¿Qué ha pasado?
Estuvimos dándole vueltas hasta que llegamos a la playa. Yo no daba con la respuesta. Nos metimos en la arena y nos descalzamos.
- Luego te resuelvo el acertijo si lo consigo, ahora vamos a meter los pies en el agua- le dije.
Estaba fría, sentía la arena entre mis dedos, me hacía cosquillas, me gustaba. Poli caminaba a mi lado.
- ¿Qué edad tienes?- Le dije
- ¿Realmente importa? Jajaja
- No bueno… es curiosidad, por que soy buena acertando con las edades… pero no consigo hacerme una idea con la tuya…
- 27. ¿Te parece raro?
- Sí y no. Tienes cara de niña pero tu mirada dice algo más…
- ¿Qué te dice mi mirada?
Sonreí y la miré.
- Muchas cosas.- Intenté cambiar de tema- ¿Y cuántos crees que tengo yo?
- Mmm… 25?
- Uys… casi… 23.
Así a mi lado veía que era tan alta como yo, me había parecido más pequeñita en el pub… debía ser por su figura.
Llegamos a la zona de las casetas y seguimos caminando.
- ¿Puedo hacerte alguna pregunta?
- Sí, otra cosa es que te la responda o no – claro, es que vaya ocurrencias que tenía…
- …¿Has estado alguna vez con un chico?
- …Sí
- Ah… ¿cómo supiste que eras lesbiana?
- Porque con ellos (y estuve con más de uno) no sentía ni frío ni calor. Me aburría y a veces incluso me repugnaba. Un día estuve con una chica mayor que yo, y me di cuenta de que con ella disfrutaba más. Y me enamoré de ella. Pero ella pasó de mí. Desde entonces solo he estado con chicas.
- Yo es que no suelo empatizar mucho con ellas
- ¿Y eso?
- No sé, a veces me aburren sus temas de conversación.. Y también las he cogido un poco de miedo, me hicieron mucho daño.
- Ya, te entiendo… Pero no es que las chicas sean peores que los chicos, realmente son iguales, solo que cuesta encontrar a una persona que merezca la pena, y eso ya da igual que sean hombres o mujeres.
- Ya… bueno, iguales iguales… De todos modos no sé, estarás harta de que te pregunten cómo te diste cuenta de que eras lesbiana y todo eso.
- La verdad es que sí Jajajaja. Pero no me importa. Comprendo que sea difícil de entender.
- No es difícil de entender.
Nos detuvimos y nos acercamos a una caseta. Posamos los playeros en la arena y nuestras espaldas dieron contra aquella pared de rayas blancas y azules.
- Es una pena que haya tantas nubes- Dijo.
La miré. Tenía un perfil perfecto… Las sombras en sus rasgos hacían un juego gracioso…
Deseé mover un dedo y acariciar su nariz.
Bajó su mirada del cielo se giró hacia mí. Estábamos muy cerca.
Pensé qué sensación tendría si la besase.
Nuestros hombros daban con la pared, apoyé mi cabeza ladeada contra las franjas.
Se acercó a mí y rozó suavemente sus labios con los míos… Ninguna de las dos cerró los ojos. Posé mis dedos en su labio inferior. Eran como el gajo de una naranja, voluptuosos y tiernos. Sonrió, acaricié su cara y puse su pelo detrás de aquella diminuta oreja.
Me besó y cerré los ojos. Las cosquillas empezaron a correr por mi interior. La arena se colaba entre mis dedos de los pies. Su lengua era agradable, húmeda y cálida. Nuestros vientres se arrimaron y posó su mano en mi cadera.
- Tenía hipo- susurró a mi boca
- ¿Qué?
- El acertijo…
Me atrajo con fuerza hacia ella. Nuestras bocas se unieron. Yo tomé su cuello con mi palma. Pasé mis dedos por su nuca y sentí como se le erizaba la piel.
Nos devoramos los labios, parecíamos hambrientas mientras nuestros pechos se apretaban como queriendo mezclarse. Éramos niñas disfrutando de sus regalos de Navidad.
Bajé mi mano por su camiseta y sentí dureza bajo ella. Hundí mi mano por dentro, subí por su piel. Ella me desabrochó un botón del pantalón y metió sus deditos por debajo de la goma de mis braguitas.
Un escalofrío me recorrió entera. Me dejé llevar por la curva de su pecho, de tamaño normal, no era ni grande ni pequeño, era justo. Era mullido.
Nos dejamos llevar, ella jugaba con sus dedos dentro de mí, sentía como me deshacía, y yo tocaba su espalda, su cintura, su ombligo, la corona de su pecho, apretaba mi mano contra sus formas con fuerza, ella mordía mi labio inferior, éramos vampiros.
Bajó su boca por mi cuello y lamió hasta mi oreja, dejé caer mi cabeza hacia atrás, solté un gemido que salió desde lo más profundo… ella suspiró y desabrochó mi camisa para empezar a besarme entre los botones.
Sus dedos seguían jugueteando y yo estaba entrado en éxtasis. Tiré del cordón de sus pantalones y se los desabroché… Cayeron a la arena…
Jugué con las yemas de mis dedos y acaricié por encima de la tela, notaba cada forma debajo de su ropa interior, deseaba satisfacerla, y aparte de mi camino aquel velo.
Se detuvo.
Se apartó.
Me miró.
Se agachó y empezó a deslizar mis bragas hacía abajo.
Poso su boca sobre mi clítoris…
Entonces pasó algo por mi cabeza.
Algo que me detuvo.
Algo que hizo contraer mi cara en un gesto de amargura.
… “Milo, no debes interrumpir ahora”…..
- Poli…
- Dime, dijo mientras sus ojos me miraban desde abajo.
- ..No puedo… – De un salto se puso de pie.
- ¿Qué te pasa?- me dijo preocupada mientras me cogía la cara con las manos.
- Es mi ex… no me lo puedo quitar de la cabeza… Dios… creo que he bebido demasiado…
- Tranquila….. no pasa nada….- Y me abrazó. Apoyé mi cabeza en su hombro.
- ..Lo siento… por favor perdóname… – y me eché a llorar…..
- No te preocupes….- Su voz sonaba tranquilizadora.
Nos despedimos en el paseo con un beso en la mejilla. Prometimos volver a vernos uno de los días siguientes en el “Primera Línea”. Yo en ese momento tenía a Milo en la cabeza y el alcohol se me había subido más de lo que pensaba. La vi alejarse. Si hubiese sabido que no volvería a verla…
3
Llegué a casa, tiré los playeros contra la cocina y me eché en el sofá a llorar. Era una estúpida… miré el reloj. Las 5 y media de la mañana… ¿Cómo había podido meter la pata así? La próxima vez que hablásemos le explicaría que no había sido el mejor momento y que el alcohol había influido bastante en el recuerdo de Milo.
¿Pero qué estaba pensando? ¡Era una mujer! ¿Qué pretendía con ella? ¿Enamorarme? Sabía que eso era imposible, yo era heterosexual y jamás saldría con una chica porque las chicas me caían mal… Pero entonces ¿por qué me lo había pasado tan bien con ella? Necesitaba dormir…
Encendí la luz y fui a la barra de mi “cocina americana”. Me eché un vaso de leche fría y encendí un cigarro. Me acerqué a la ventana para asomarme. Me relajaba. Aparté la cortina y abrí, la ventana, me senté en la poyata de dentro y miré hacia el cielo… La había cagado… Pero Milo… ¿y si se daba cuenta de que quería volver conmigo? Yo tenía que estar esperándole, por eso no podía estar con nadie aun, aun podía darse cuenta de que me quería otra vez a su lado…
Miré a la ventana del séptimo de enfrente. Tenía la luz encendida. A estas horas… allí vivía un pintor bastante atractivo, por las mañanas siempre tenía las persianas bajadas y por la noche las luces encendidas. Alguna vez cada mes nos encontrábamos frente a frente con una taza en la mano mirando al infinito. Era mi compañero nocturno. Nunca había hablado con él ni sabia nada de él, excepto que era pintor porque desde mi ventana podía ver el lienzo en el atril.
En ese momento pasó por delante de la ventana y se detuvo con una taza. Sonreí. “Aquí estamos otra vez viejo amigo”… Pero esta vez no se sentó y miró hacia el parque, no, se sentó y me miró directamente. Contuve su mirada. Era un tío muy raro. Dio un trago a la taza sin apartar sus ojos de mí.
Empecé a sentirme tensa e incómoda. No estaba yo para jueguecitos. Así que le puse un mal gesto y cerré las cortinas.
A dormir. Tenía la cabeza sin ganas de dar más vueltas. “Ha sido un día demasiado largo”.
…………………….
Miré el reloj: las 9 de la mañana. Me dolía la cabeza como si me estuviesen clavando un punzón en ella, pero por más que lo intentaba no conseguía volver a quedarme dormida. No podía quitarme de la cabeza algunos de los acontecimientos que me habían sucedido en los últimos días, y me sentía terriblemente culpable y triste.
Abría el grifo de la ducha y dejé que corriese el agua hasta que tomase una temperatura aceptable. Me quité la ropa frente al espejo. Me gustaba cómo me veía, “por lo menos los disgustos me han servido para adelgazar” pensé.
Me puse bajo el grifo. El agua me hacía cosquillas y me envolvía, se me puso la carne de gallina por el placer. Bajé mi cabeza y dejé que me diese en la nuca… “No me apetece nada bajar a comprar… ”
Salí, me envolví con el albornoz y rodeé mi cabeza con una toalla. Me acerqué al tocadiscos y puse un vinilo de Pink Floyd a un volumen bastante alto. Hacía calor en aquella habitación, así que fui a la ventana y la abrí. Me senté en la repisa a fumarme un cigarrillo, miré al séptimo de enfrente. La persiana seguía bajada. Debía haberse ido de viaje, desde aquella noche que se me quedó mirando con su taza no volví a verla subida. Era lunes, si no había vuelto para un lunes aquello quería decir que eran unas vacaciones bastante largas. La verdad es que echaba de menos sus miradas, aunque fuese un lunático.
Poli… Todas las noches volví al Primera Línea. Pero ella no apareció. No me atreví a contarles nada a Jorge o a Marta sobre nuestro “encuentro”, me daba vergüenza que sospechasen que me hubiese dado el lote con una chica. Además, no me apetecía que llegase a oídos de Milo… Yo deseaba volver a verla, y cada día que pasaba era una noche más en la que me acostaba con una terrible decepción. Me acostaba decepcionada, y borracha como una cuba… siempre me quedaba hasta que cerraban, no quería dejar escapar ni un solo instante, puede que un día fuese y yo ya me hubiese ido a casa, y aquella idea me daba pena, así que me quedaba esperándola en la barra hasta que Jorge sacaba las escobas y bajaba la persiana.
Lo había hecho mal con ella, lo había hecho muy mal… Pero algo me decía que era mejor, que lo único que conseguiría sería tener más problemas en la cabeza por que yo no era lesbiana y aquello seguro que acabaría mal… y yo seguía enamorada de Milo…
¿Y si me equivocaba? A lo mejor yo era bisexual….. “No….Eso no existe… no te pueden gustar por igual chicos y chicas…”
Me desenrosqué la toalla y empecé a pasarme un cepillo. No quería usar secador porque no quería quemarme el pelo, así que estaría un ratín más en la ventana dejando que la luz cayese sobre mí… pero antes me levanté a ponerme un vestido de tirantes. Me estaba asfixiando.
Volví a mi rincón en la ventana.
Estuve pensando sobre mi última conversación con Vania… aquello sí que había sido extraño. Yo estaba tras la barra y ella apareció deslumbrante como siempre por la puerta. Venía de blanco. El color de su tez resaltaba y le daba fuerza. Se sentó y se pidió un vodka con zumo de naranja. Era sábado. Me estuvo contando que estaba muy nerviosa porque le habían ofrecido una entrevista para la televisión local, para promocionar su última exposición, y aunque Vania era una persona muy segura de si misma (tal vez solo fuese en apariencia) aquel encuentro instalaba en su cuerpo el miedo de una chiquilla.
- Vania.
- ¿Sí?- dijo prestándome atención. De repente la había sacado de su terror y ahora volvía a tener en su mirada la firmeza de la mujer de siempre.
- ¿Te gustan los retratos? Quiero decir, ¿se te dan bien?
- Depende de si la persona a la que retrato es atractiva jajajaja. Es broma. Podría decir que soy bastante buena. ¿Por qué?.
- No sé… estaba pensando que nunca he salido favorecida en las fotografías y me gustaría probar contigo… si no te importa claro… te pagaré lo que me pidas… pero claro, si puedes rebajar un poco el precio…
- ¿Quieres que te haga un book?
- Uh… bueno… no sé… como tú veas…
- ¡Claro que sí mujer!….. Además no tienes por que pagarme nada- Y posó su mano sobre mí. Empezó a acariciar el dorso de mi mano con su dedo.
- ¡Ah! ¡Pues gracias!- dije mientras le devolvía la sonrisa. Me sostuvo la mirada con aquella sonrisa maquiavélica…
- Será un placer…
Me quedé completamente roja. Su dedo seguía acariciándome y ella no apartaba sus ojos de mí. Su sonrisa se había vuelto picaresca.
- Tengo que ir al almacén a por leche… – Dije suavemente mientras iba retirando mi mano de la suya- ¿tienes mi número?…- ya no estaba tan segura de querer el book… pero se me daba muy mal rechazar algo para lo que me había ofrecido…
- Sí tranquila- y se levantó – bueno gatita, ya vengo el martes y te cuento que tal me fue la exposición, ¿vale?.
- …Suerte.
- Gracias- Y me guiñó un ojo- Nos vemos.
Encendí otro cigarro. “No quiero bajar a comprar…”
………………..
Toqué al timbre. “Espero que esté despierto”. Eran las 11.30, ya debería estarlo. Se abrió la puerta.
- ¡Hola! – Dijo bostezando y rascándose la cabeza. Estaba un poco despeinado y tenía los párpados hinchados, llevaba una camiseta encima y unos pantalones de pijama que tenían un agujero enrome en la rodilla. Estaba muy simpático.
- ¡Hola Gelín!- volvía a tener aquella cara de tímido. La verdad es que era un encanto de niño. Bueno, aunque no era ningún niño, el otro día me dijo que tenía 25 años y yo no me lo creía, le echaba como que dos menos que a mí. Tenía coloretes y una marca en la cara que debió dejarle la almohada, tuve que contenerme la risa.- Vengo a devolverte el disco que me dejaste.
- No mujer, llévatelo si quieres no poco más.
- ¡No si ya lo grabé! Tu tranquilo.
- ¿Te gustó?
- Bueno, la verdad, pensé que me iba aburrir pero al final sí que me ha gustado.
- Es que es imposible que Sinatra no le guste a alguien…
- Ya… pero yo que sé, tenía ciertos prejuicios…
- Bueno… si no te importa voy a volver a la cama que me he pasado toda la noche estudiando…
- Ah sí, lo siento, no quise molestarte…
- Chao- Y cerró la puerta. Me quedé un poco cortada la verdad.
No sé, me inspiraba mucha ternura. El Viernes al final le hice la visita acordada a su casa. No tenía ninguna gana de ir, al principio me sentía muy tensa. Pero poco me fui relajando. Tenía incienso de jazmín y lámparas de colores, y me preparó un té de sabor de no sé qué frutas… a mi no me gusta el té, pero he de reconocer que ese estaba muy bueno. De fondo sonaba chillout, el chico sabía hacer que alguien se relajase y se sintiese a gusto. Cuando me di cuenta le estaba contando toda mi vida y la famosa noche con Poli. Él me miraba con los ojos muy abiertos, seguro que no daba crédito, pero no hizo ni una critica ni me hizo sentir incómoda en ningún momento. Parecía buen chico….. pero era muy reservado. Me contó que estaba terminando la carrera de telecomunicaciones y que se subvencionaba el alquiler del piso haciendo reportajes fotográficos para las cadenas autonómicas, trabajando de vez en cuando en el bar de unos amigos, sus padres le ayudaban pero él procuraba depender lo mínimo posible de ellos.
Me pareció un chico muy observador, y que en ningún momento iba a conseguir que se abriese a mí o me iba a decir lo que pensaba.
Sin embargo a pesar de parecer tan tímido y reservado, no tenía ningún reparo en darme un abrazo cuando vio que me eché a llorar como una magdalena. Si hubiese sido al contrario yo no hubiese sabido como reaccionar; lo digo porque cuando veo a alguien llorar me da tanta pena que acabo llorando yo también, además llorar es algo muy intimo y cuando lo hacen siento que estorbo, que violo su intimidad. Al fin y al cabo, las lagrimas muchas veces salen sin que nosotros queramos. Aunque otras veces sabemos sacarlas para conseguir lo que queremos.
Acabamos en el Primera Línea tomando algo, él se fue pronto porque no sé qué tenía que hacer al día siguiente. Yo, para variar, me quedé hasta que cerró…
… Y el sábado fui a trabajar con una resaca de espanto.
…………….
El pitido de un camión casi me deja sorda, algunos conductores parece que se sienten felices destrozándole los tímpanos al resto de la humanidad. A ver….. tenía que comprar leche, huevos, fruta, algo de pollo… ¡Aceite! No podía olvidárseme eso, era fundamental.
El sol de la mañana me estaba dejando medio ciega, me había dejado las gafas de sol en casa, aunque casi era mejor no utilizarlas porque me habían costado 5 Euros y aquello tenía que joder la vista fijo. La gente iba por la calle con hamacas y bolsas de playa. Qué envidia me daban……
Me vibró el móvil. “Será un mensaje”. Siguió vibrando. “Me llaman”. Fui a descolgarlo y me detuve en seco. “NI SE TE OCURRA”.
Ahhhhhhhh…………… Yo era tonta del culo. Sabía que tarde o temprano esto pasaría….. pero no me esperaba que tan temprano.
El móvil paró.
El día anterior había estado peleándome con el exprimidor de naranjas. Y no estaba de muy buen humor. A todo el mundo le había dado por pedirme cosas complicadas: zumos naturales, batidos de helado, batidos de helado con zumo natural… Podría decirse que estaba hasta los huevos. Solo que no puedo decirlo porque efectivamente no los tengo, y si los tuviese me preocuparía.
- …Hola… – Dijo una tortuga.
“Dios….. otra vez no…” Me giré con las manos pringosas y lancé una mirada asesina. ¿Dónde coño estaba Sonia? ¿No podía atenderle ella?
Era el baboso salido, el que me miraba el culo mientras fregaba el baño.
Le atendí sin hacerle mucho caso. Pero 5 minutos después la cafetería estaba completamente vacía, y Sonia se había dedicado a limpiarlo todo así que allí estaba yo de brazos cruzados, con un tío con los dientes marrones escaneándome con la mirada. Me quedé mirando fijamente a él a ver si con los ojos me entendía. “Que me estás poniendo de mala ostia” pensé.
Nada, el pavo se giro y cuando mire hacia otro lado él volvió a fijar aquellos horrendos globos sobre mí.
- ¿Escuchaste algo de Metallica?
- Sí
- Ah… ¿te gustan?
- No – Sí, me gustan, pero no quería darle conversación.
Seguía como un pasmarote sonriente. El humo de su Ducados me estaba intoxicando…
Fui al almacén a hacer algo, exactamente a hacer nada excepto huir de él. Sonia se había ido a llevarles unos refrescos a los de la tienda de tatuajes de enfrente. Quería ir yo… pero me tocó quedarme. Y allí estaba, en el almacén mirando una caja de naranjas. LAS PUÑETERAS NARANJAS que llevaban toda la tarde amargándome. Tuvo que entrar una señora al bar. Bueno, señora, chica, o lo que fuese. Llevaba un top blanco y unos pantalones de leopardo que para lo entrada en carnes y arrugas que estaba no le quedaban nada bien. Pero bueno, si era feliz… la que no era feliz era yo que tuve que salir del almacén.
El disco que estaba sonando terminó, así que ya que no había casi nadie me permití la licencia de poner la música que me diese la gana. Algo tenía que salirme bien… y puse un “Grandes Éxitos” de Led Zeppelin que era de lo más suave que tenía por allí…..
- Así que te gustan los Zeppelín.- ¿Por qué a mí? ¿Qué había hecho yo para merecer aquello?
- Sí…
- Ah, pues si quieres te dejo lo que quieras de ellos que lo tengo todo.
- Yo también- Mentira otra vez. Y tiro porque me toca.
- ¿Y te gustan Purple?- hombre, mentirle ahí sería muy descarado – Sí…..
- Ah. A mí me encanta el de las cabezas en la montaña, cómo se llamaba…..
- “In Rock.”- lo que fuese con tal de que callase…
- Veo que tienes buen gusto…..- “A ver gilipollas, solo hemos hablado de 3 grupos. ¿Qué sabes tú de mis gustos?”- ¿Me das tu número de teléfono y así quedamos para intercambiarnos música?
… ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué se humilla tanto?
- Uy… es que… mejor dame tú el tuyo y ya te llamo yo.
- No mujer, dame el tuyo y ya te hago una perdida y me añades en el móvil.
Quería decirle que no me sabía mi número de memoria y que lo tenía en la agenda del móvil, y el móvil me lo había olvidado en casa. Pero es que en ese puto instante me lo había sacado del bolsillo porque había sonado un mensaje. Me habían jodido la jugada los de mi compañía para hablarme de una jodida oferta de verano que me la traía floja.
Podía darle un número falso… Pero tampoco podía, por que él me haría una perdida para ver como guardaba su número y sería extraño que el móvil no sonase cuando lo había hecho unos minutos antes…….
Tuve que darle el de verdad.
Y como un crío me hizo una perdida. Guardé su número con letras mayúsculas. “Nombre: NO COGER”
- Mira, también te puedo dar el teléfono de la casa de mis padres, que se van la semana que viene a un viaje…
“¿Todavía vives con tus padres?” Mi cara parecía un poema. Todos los raros me tocaban a mí. Guardé aquel número de teléfono como “NO COGER 2”
Era lunes por la mañana, tenía resaca, hacía calor, todo el mundo se iba a la playa menos yo, tenía que ir a comprar al supermercado que era una de las cosas que más me repateaban en este mundo, llevaba noches esperando ver a Poli y cada noche era un destrozo más para mi hígado, Milo me había dejado, y ahora tenía que aguantar las llamadas de un psicótico…
Volvió a llamar.
Entré en el centro comercial, tenía que bajar hasta la planta baja para llegar al supermercado. Bajé las rampas.
Volvió a llamar. “a tomar por el culo”
- ¿Sí?- dije con voz bastante desagradable.
- Hola
- ….Hola- puse un tono más grueso
- ¿Quién eres?- Este tío estaba muy mal de la cabeza…..
- Me has llamado tú, deberías decirme tú quien eres.
- Soy Mario- O Marcos, no lo recuerdo ni lo quiero recordar. “O miento o no me lo quito de encima en mi vida.”
- Yo soy Verónica. Creo que no sé quien eres. ¿Quién te ha dado mi número?
- ¿Verónica?
- Sí, Verónica, y me pillas trabajando así que no puedo seguir hablando mucho tiempo…
- Ah… perdona….. creí que eras otra persona…..
Colgó. Y no volvió a llamar. Que alivio….. A ver ahora que cara ponía cuando volviese a verle. Seguro que no se lo creyó, pero es que si seguía insistiendo este hombre se merecería un premio a pringado del año.
Entré en el supermercado no sé si nerviosa por lo mal que se me había dado mentir o si muerta de la risa por la extraña conversación que acababa de tener.
Leche… ¡Aceite!…
“Voy al pasillo de los congelados a ver su hay algún revuelto de verduras con buena pinta…”
“Mmm… Voy a coger una bolsa de patatas que me apetecen darme un buen atracón con Coca cola. Ideal para resacas.”
“Joder… no podía haber más tipos de patatas… Al queso, al aceite de oliva, del campo, barbacoa….con cebolla… ¿Es que no puede haberlas de ajo como las de toda la vida?”
- …Hola….- Una voz bastante….. no sé como definirla… sugerente… habló tras de mí.
Miré de reojo y volví a las patatas.
“No puede ser”
Volví a mirarle como por un acto reflejo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Dios mío!!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡El tío de la ventana!!!!!! ¿¿¿¿¿¿Ya había vuelto?????? Uhhhhhh…… me dio una taquicardia.
¡Madre del amor hermoso! De cerca se veía guapísimo. Tenía uno ojos azul turquesa fuerte, la piel era pálida y un poco rosada. Su pelo era de color caoba- castaño. Tenía una mirada profunda… se le marcaba su mandíbula cuadrada y tenías barba de unos días. Su labio superior era fino y el inferior un poco grueso pero no mucho, pero tenía una sonrisa burlona. Tenía la espalda ancha, pero estaba delgado. La firmeza de aquellos hombros me puso como una moto.
Me mareé. Tenía la cara ardiendo y el pecho se me había llenado de manchas rosadas. Eso me pasaba cuando me ponía muy nerviosa.
Tenía las patatas enfrente. Pero yo era una estatua. Estaba en blanco completamente. “¿Cebolla? ¿Queso? ¿Barbacoa? ¡Coge una YA!”
Sentí como se rozaba tras de mí. Noté su pecho contra mi espalda. Noté su respiración en mi cuello. Y yo no sé si lo imaginé, si fue lo que quise sentir, o qué, pero sentí una dureza contra mi trasero. Empecé a sentir cosquillas de placer y tuve que apretar los muslos para contenerme. Vi su mano pasar al lado de mi cara y acercarse a coger una bolsa de patatas…
- Voy a probar estas “del campo”, me gusta saborear cosas nuevas….- dijo aquella voz tan hipnótica y… seductora…
Yo estaba absorta. “……¡Hala…! …qué mano más grande…..” era enorme…..tenía unos dedos gigantes… No quería ni imaginar como sería el resto….. “Dios… tócame con esa mano… ”
De la que bajó su brazo me rozó la cadera.
Me lancé a por una bolsa, me daba igual, como si eran sabor “a la alcachofa”. Se me cayeron tres de golpe al suelo. Me agaché hecha un manojo de nervios.
- Nos vemos. – me dijo mientras se iba y me miraba muerto de la risa.
Uf Uf Uf. “Tengo que ir inmediatamente a darme una ducha de agua fría”. Las cosquillas placenteras entre mis piernas se habían convertido en unos intensos pinchazos. Claramente, o era penetrada en ese preciso instante o cuando llegase a casa la frustración me habría convertido en una persona totalmente desagradable y mal educada.
Y lo que pasó fue lo segundo.
4
Estaba en la barra del Primera Línea. Era lunes y no habría mucha gente, así que Marta descansó y solo abrió Jorge. Estaba mal humorado y poco hablador. Su novia se había ido de casa, así que se pasó casi todo el rato con el móvil en un extremo de la barra mandándose mensajes con ella.
Yo tenía la cabeza a punto de reventarme. Milo, Poli, el encuentro en el supermercado… Ya no sabía qué pensar. Me estaba volviendo loca. “Milo, ven a rescatarme de esto por favor…..”
Esta vez no pensaba quedarme hasta que cerrasen. Terminaría la copa y me iría a casa a dormir, por primera vez, antes de las 4, que me hacía mucha falta descansar.
- ¡Milo! ¡Mierda! ¡Jorge!- Un lapsus mental. Ya estaba harta, quería irme – Me voy a casa.
- ¿Ya? ¿Tan pronto?.
- Sí, estoy un poco mal humorada.
- ¿Por mí? Lo siento tía es que estoy con lo de mi novia que no me lo quito de la cabeza, pero la llamo y ahora mismo te voy a hacer algo de caso.
- No tranquilo…
- No Jorge, ponle otra copa que está la invito yo.- Dijo un tercero.
- ¡Hombre Leo! ¡Cuánto tiempo! ¿Y esta visita inesperada? – a Jorge se le borro el gesto de pena y una enorme sonrisa invadió su cara.
- Ya ves, vengo de la presentación de una exposición fotográfica y al final me lié y dije: voy a ver a Jorge que hace mucho que no sé nada de él.
- Me dejaste aquí tirado….. ni una noche desde hace más de un año……
- He estado muy inspirado últimamente y no podía dejarlo escapar, así que he pasado las noches pegado al lienzo. Pero ya era hora de salir a despejar un poco. De hecho esta última semana me he ido a Italia a ver a unos amigos.
- ¿Y donde has dejado el color?
- He procurado que el sol me diese lo menos posible. Me quemo con mucha facilidad.
- Anda cabrón… como te lo pasas mientras otros estamos aquí sufriendo……
Y yo, allí en el medio, mirando para uno y otro. Como una niña de 7 años observando la conversación de los mayores. “No interrumpas a los mayores cuando hablan”. Aunque tenía la copa de la invitación apresada entre mis manos y la pajita no se movió de mi boca hasta que no bajé aquello a la máxima velocidad posible. Necesitaba un calmante. ¡Qué narices!. Necesitaba un polvo.
Siguieron contándose movidas sobre el cierre del bar de no sé quién. Uy, yo ya me sentía muuuuuuuuucho más relajada. Uf, que calor me daba aquella chaqueta…….
- Jorge ponme otra porfi- Saqué la cartera pero su enorme mano se apoderó de la mía.
- Ya la pago yo, tranquila….- y se giró hacia mí. Nos quedamos mirando fijamente. Sonreí. Sonrió. Así estuvimos un rato mientras él me acariciaba la mano. Jorge vio el percal y se sentó otra vez a su bola con el móvil.- Me gusta como esta pintada la pared de tu salón.- Continuó.
- Gracias. A mí me gusta el marco de tu ventana, parece artesanal.
- Lo es.
- Sería caro entonces.
- Fue un regalo.
- Yo también quiero regalos como ese- Me sentía suelta. Ahora tenía valor. No pensaba callarme nada.
Le dio un trago a su Cacique-cola.
Seguíamos mirándonos fijamente, frente a frente, aquel cigarro me sabía a gloria.
- Me imaginaba que tendrías la voz menos chillona- aquello me ofendió.
- ¿Te importa?
- En absoluto, te da un toque gracioso.
- ¿Te provoco risa?
- Me provocas muchas cosas.
-
Llené mis pulmones de aire y suspire.
- Me encantan tus ojos.
- ¿Te gusta algo más?
Estábamos yendo a saco. Esos juegos siempre me han gustado. Son incluso mejores que la relación sexual en sí.
- Me encantan tus manos.
- A mí me gusta tu sonrisa.
- ¿Y que más te gusta?
- Lo que dicen tus ojos.
- ¿Y que te dicen?
- Eso me lo guardo.
- Eso es hacer trampa.
- Ven a mi casa.
Sí.
El camino fue en silencio. Hacía una noche estupenda. En el ascensor la luz era muy fuerte y yo agaché mi mirada, no quería que viese los errores de mi cara con esa luz. Pero sentía su mirada sobre mí. Estaba muy excitada.
Entramos en su casa. Me gustaba. Estaba revuelta, tenia muchos cojines y mantas, y sofás, y esculturas y lienzos por todas partes, camisas en el suelo, lámparas de estilos completamente distintos, un colchón reposaba en el suelo con las sábanas revueltas; era un caos atractivo. Era el estudio de un artista. Fui a la cocina a beber agua. Estaba limpia, eso me gustó. Él fue al baño.
Salió y preparó dos copas de ron. No puso música. Había un total silencio. No hablábamos. Aquella situación tan incómoda pero excitante hacía que mi corazón se acelerase más.
Fui al baño. Me senté en la taza del inodoro y pensé: “Espero no decepcionarme”. Me limpié con un poco de agua. Estaba ansiosa por salir de aquel baño, no quería que se me pasase la excitación. Salí al salón. Era muy grande. Estaba oscuro y entraba la luz de una farola, haciendo un bosque de sombras en aquella habitación.
Él estaba en la ventana mirando hacia la calle con las copas en la mano. Me acerqué y me ofreció una. Di un trago. Estaba mirando mi casa.
- Se ve distinto desde aquí- dije.
Me apoyé contra una mesa que había. Él me miraba desde la ventana.
Me senté… le mire… arrugué la tela de mi vestido hasta mis muslos y abrí las piernas.
Él solo miraba.
Entonces se acercó a mí, yo cerré los muslos y me puse de pie, dejando mi culo apoyado contra la mesa. Posamos las copas en ella.
Nos miramos, era alto. Estaba pegado a mí. Sentía su bulto rebosante bajo el pantalón, me acariciaba.
- No sabes cómo me llamo- le dije
- No me importa
Cogió la tela de mi vestido y sin apartar sus ojos de los míos empezó a subirlo hacia arriba, la otra mano se coló por debajo y partó el encaje hacia un lado. Sin quitarle ojo le desabroché los pantalones cayeron a suelo.
Mis manitas acariciaban por encima del calzoncillo aquel tronco hecho de carne… una de sus manos se había hecho dueña de mi cuello, su dedo gordo acariciaba mi garganta y yo inclinaba mi cabeza mirándole con deseo. Su otra mano estaba entre mis piernas, dándome calor, restregándose contra mí.
Nos besamos.
Me llevó hasta el colchón y nos quedamos tumbados de lado frente a frente.
De repente empecé a temblar de excitación, sentía una corriente eléctrica. Me acariciaba el clítoris con suavidad por debajo de las bragas, en el punto perfecto, y yo me derretía… Era como si hubiese estado deseando tanto ese momento que ahora me parecía pura intensidad.
Pose mis labios sobre su cuello. Con su otra mano guió la mía hacia su miembro y empezamos a tocarnos, luego la mano libre me subió el vestido y se aferró a un pecho.
Estaba muy nerviosa. Me penetraba con sus dedos y no me hacia daño, era suave, rítmico pero delicado.
Se quitó la camiseta y los calzoncillos, yo me di la vuelta para que siguiera con sus caricias mejor, pero me apartó las bragas a un lado.
“Quiero fundirme contigo. Tú arriesgas, yo también”
Me penetró y comenzó a moverse de arriba abajo. No taladraba rítmicamente como el resto, me sentía y se deslizaba dentro de mí, con fuerza pero con un roce acompasado, sin llegar a ser un pájaro carpintero.
Rozaba toda su espalda contra mí y sus manos me dirigían posadas en mis nalgas. Tenia su brazo rodeando mi cuello, arañé frenética el colchón, mordí su músculo, él gimió…
- Siéntate encima de mí.
Lo hice, y le cabalgué con el mismo roce que él provocaba a la dirección en mi cadera. Pose mi cabeza en su pecho, sentía toda su dureza rozando mis paredes, le follaba, me erguí y empecé a gritar como una gata en celo, con mi cabeza dejándose caer hacia atrás, él se moría, yo le mataba, mis manos aferraron su garganta y apretaron sin miedo a ahogarle, le gustaba. Me penetró con mucha fuerza.
Tuve que ir al baño por que una terrible sed se apoderó de mí, me miré en el espejo, parecía una leona.
Volví al salón, estaba tumbado boca arriba en medio del colchón. Me quité el vestido, me senté a sus pies y empecé a lamer su falo, Leo gritaba y gemía. Posó su mano sobre la mía y entrelazó nuestros dedos. Le devoré, pase la lengua, mi boca se llenaba.
Entera no pero casi… y seguí, y sentía palpitar sus venas y correr su liquido por dentro. De repente se sentó, me cogió de la barbilla y me levantó la cara hasta la altura de sus ojos con suavidad.
Le miré y me senté con las piernas cruzadas por delante. Me cogió una pierna y la paso por encima de su muslo, con la otra hizo lo mismo. Estábamos cruzados de frente. Me miro de arriba abajo. Posó sus manos en mis muslos y las deslizó hacia abajo, y suspiró… Le gustaba mirarme. Me atrajo hacia él, cogió su virilidad, aparto mis braguitas y le ayude a meterla.
Entonces un brazo me rodeo por el culo, el otro por la espalda, y me sentó sobre él.
Y así empezó a poseerme encima de él, pegado a mí, abrazado a mí, me movía de arriba a abajo, yo le olía el pelo, se lo besaba. Nos rozábamos, nos abrazábamos con fuerza, nos queríamos unir, nos fundíamos……. su cara contra mi pecho, mis manos enredadas en su cabello…
Me eché hacia atrás y puse mis manos detrás de mí, seguí montándole pero esta vez nuestros pechos estaban separados y podíamos vernos, en un arranque de placer me dejé caer sobre el colchón, y mi cabeza cayó fuera del colchón, mis manos reposaban sobre el suelo.
Leo, sentado, me veía entera, y con sus manos en mi cadera se movía hacia dentro, yo me dejaba llevar reposada, él se excitaba aun más, yo me sentía poderosa y amada. Tal vez nunca me amó, ni me amará, pero sí en aquellos momentos.
- Me corro…
Me aparté y me incorporé, él se tumbó hacia atrás, empezó a masturbarse y mientras se iba yo le acariciaba los genitales. Se fue con ganas, se le hizo eterno.
Me quedé sentada frente a él sonriente mientras se iba… Para mí con eso bastaba.
Me eché a su lado y nos quedamos dormidos.
……………….
Me desperté a eso de las 2 de la tarde. Tenía que ir corriendo a trabajar…… Leo no estaba en el salón. Me vestí con rapidez y me acerqué al baño, que tenía la puerta cerrada.
Piqué con la mano.
- ¿Leo?
- Sí- Se oyó desde dentro.
- Tengo que irme a casa.
Esperé a que saliese para despedirse. Pero la puerta no se abrió. Qué extraño…
- Vale- dijo desde dentro.- ¿Mañana de noche vienes?- Aquella pregunta se me hizo aún más extraña, pero me llenó de felicidad.
- Vale… ¿a qué hora vengo?
Silencio.
- Cuando salgas de trabajar. Acuérdate, séptimo “C”. Venga, hasta la noche. – Y se oyó abrir un grifo.
Me parecía raro, pero bueno, total, iba a volver a verle esa noche…
Trabajé con alegría, silbaba, le hacía bromas a Sonia que me miraba con cara de “ Ésta hoy a follado”, apareció el memo del baboso. Pero pasé de él. Y él tampoco se atrevió a hablarme. Por primera vez le pidió algo a Sonia.
Oh… era una maravilla, me sentía con energía……
Esperé ver a Vania para ver como le había ido con la exposición, pero no apareció.
Antes de salir me tomé dos chupitos de tequila para ir relajada a casa de Leo. ¿Qué haríamos esa noche? Estaba impaciente. Por fin algo me salía bien…
Cerramos el bar y antes de ir a la cita pasé por casa. Me duché, me sequé el pelo, me puse una camisa de corchetes sin mangas y una falda por la rodilla. Estaba radiante.
Dieron la 1 y me asomé a ver a Leo, pero tenía las cortinas echadas, aunque había luz.
Bajé a la calle y crucé de acera. Miré a la luna. Estaba llena. Todo parecía una novela rosa. En la calle olía a mar.
Me acerqué a su portal y toqué al telefonillo. “Séptimo c”…
- ¿Sí?- parecía animado
- Leo soy yo.
- ¡Ah! ¡Estupendo! ¡Sube!
Subí. Me miré en el espejo del ascensor y enseñé los dientes para ver si los tenía pintados de pintalabios. Me coloqué un poco el pelo. “Venga allá vamos”.
Toqué al timbre. Me abrió la puerta.
- Pasa- Tenía una sonrisa diferente a la de la noche anterior en casa. Sus pupilas estaban dilatadas. Y tenía coloretes.
- Perdona el retraso, es que fui a casa a ducharme…
- No pasa nada preciosa, te estábamos esperando.
¿Qué? ¿Qué me estaban esperando él y quién?. Miré hacia la mesa. Dos copas de vino. Tarjetas de crédito, un polvillo blanco sobre la tabla…
Se oyó la cisterna del baño. Me giré pálida. Se abrió la puerta.
- Hola gatita.
Vania…
- ¿Qué…?- conseguí vocalizar
- No te pongas nerviosa cuca… ayer en la exposición estuvimos hablando de ti y decidimos darte una sorpresa. – Dijo Leo como si nada mientras daba un sorbo de vino.
- Pero, qué…
Vania estaba en la mesa metiéndose una raya de cocaína.
- ¿Quieres una cielo?- me dijo echando su melena negra hacia atrás.
Yo solo había probado una vez la farlopa. Había sido en una fiesta de instituto y yo era más joven. Aquello me aceleró y al principio me hico sentirme bien, pero más tarde sufrí un bajón anímico y no sabía el motivo. Empecé a llorar histérica y sentía que se me cortaba la respiración. No volví a probarla.
Pero aquella noche…
“Vamos a pensar. Con frialdad. Siempre te has preguntado como sería un trío. No tiene por qué ser malo. Además Vania es de confianza y te perece atractiva, y Leo cuidará de ti. Lánzate. Solo pruébalo”
Me acerqué a la mesa y me metí una raya. La nariz empezó a escocerme enormemente, noté cómo un sabor amargo descendía por mi garganta… Leo se acercó a nosotras y me besó.
- Es una casualidad que nos conozcamos.- Dijo Vania.- hoy nos lo vamos a pasar muy bien. ¿Estas nerviosa? Si por lo que sea te siente incómoda puedes irte. – y me acarició el pelo. Sus ojos parecían sinceros, me dio confianza.
Eché un trago largo de una botella de vino blanco que había abierta. Me hice la tonta.
- ¿Que vamos a hacer?
- Solo lo que tu quieras- dijo Vania, y pasó un dedo por encima de mi pecho.- aquello me gustó, y me animó a continuar en su trampa.
- Esperad un momento- dijo Leo- quiero enseñaros las últimas cosas que he hecho.
Empezó a destapar lienzos. No era nada fuera de lo común. Era bonito, sí, tenía estilo y pintaba muy bien… pero eran bodegones, paisajes, figuras femeninas….. nada fuera de lo normal. Le creía más imaginativo.
Yo seguía con mi botella de vino.
Vania se arrimó otra vez a la mesa y se metió otra fila, Leo también.
- sírvete tu misma
Me puse una bastante cargada, y la absorbí. $Esta vez sentí como me llegaba hasta la traquea.
Empezaron a contarme anécdotas de la exposición. Estábamos colocados. Colocadísimos. Ellos no paraban de hablar y hablar de gente a la que yo no conocía y yo no dejaba de reír. Les miraba y me sentía muy excitada. La cocaína me estaba sentando de maravilla.
Entonces Vania me cogió de la mano y me llevó hasta el sofá. Nos sentamos. Leo se sentó enfrente de nosotras y cogió su cámara de video digital.
- Olvidaros de mí y de la cámara- dijo.
Entonces yo miré a Vania. Yo no pensaba llevar la iniciativa, la miraba como a una profesora. Ella me enseñaría. Empezó a desabrocharme los corchetes de la camisa. Yo no llevaba sujetador y mis pechos quedaron al descubierto. Ella empezó a acariciarlos con sus manos. Leo sonreía y se tocaba por encima del pantalón. Nos acercamos y nos besamos como si fuésemos unas zorras. Empezamos a restregarnos la una con la otra mientras nos deshacíamos con rapidez de la ropa. Quedamos semi-desnudas. Las bragas por las rodillas, nos metíamos mano. Oía el roce frenético que provocaba Leo con su mano al darse placer.
Ella me recostó hacia atrás y me abrió las piernas. Hundió su cabeza entre ellas y empezó a lamerme con suavidad… Iba a correrme. Siguió pasando su gruesa lengua, siguió, me metió un dedo, dos, los movía dentro de mí. Siguió pasando la lengua. Estaba a punto…
Entonces se apartó y se levantó.
Se acercó a Leo, Leo se levantó también y le cedió la cámara a Vania.
Ahora era Vania la que grababa enfrente. Leo se puso encima de mí y comenzó a penetrarme con fuerza. Los viajes que me daba hacían que me doliesen los intestinos. Cavaba en mi. Su ritmo aceleró, con más fuerza, más deprisa, empecé a sentir que me asfixiaba. De repente la cabeza empezó a darme vueltas y empecé a sentir asco de lo que estaba haciendo.
Era sucio, pervertido, Milo, mi respiración….. Era un bajón de farlopa. Cerré los ojos con fuerza deseando que acabase pronto conmigo, sus embestidas me destrozaban por dentro.
- …para…..- susurré.
Él seguía.
- ¡Para!- grité desesperada
- No…, ahora no, ahora no…
- …Por favor… – dije medio llorando…
Vania se levanto y le dijo:
- Apártate, le está dando un bajón.
El se retiró y me miró con repulsión.
- ¡Mierda!- Gritó. Y se fue al baño cerrando de un portazo. Yo estaba encogida llorando encima del sofá. Me quería morir…
Vania se sentó a mi lado y me dio un beso en la mejilla.
- No te preocupes bonita… todo pasará… es la droga…… respira hondo….. respira…….
Su voz me tranquilizaba, era como la de una madre. La miré entre lágrimas.
- lo siento…..
- No te preocupes cielo, es normal. ¿Era tu primera vez?
- ¿De qué?
- De todo.
- La coca ya la había probado pero muy poco, y lo del trío… pues sí…
- Normal….. es como si te hubiésemos desvirgado- sonrió.- Tú no te preocupes por nosotros. Yo te entiendo, todo es pillarle el truquillo. Y Leo es así, se le pasará el enfado. Yo me voy a mi casa pero si quieres puedo dormir contigo…
- No gracias Vania, de verdad, pero creo que necesito estar sola…
- Como tu quieras…..- y me dio un beso en los labios mientras terminaba de ponerse las sandalias.
Se acercó al baño.
- Leo, me voy.
- Vale- dijo la bestia que se hallaba tras aquella puerta.
Vania nos dejó. Yo me estaba vistiendo cuando Leo salió del baño. Tenía los ojos hinchados.
- Vamos a la cama- me dijo. Y se bebió de un trago una copa de vino.
- No Leo….. hoy prefiero dormir en mi casa…..
- ¿Te vas a ir? No me dejes solo por favor.
- Leo… de verdad… mañana hablamos si quieres…
- ¿Estás enfadada conmigo verdad? Lo sabía. Perdóname por favor, perdóname- Y se arrodilló ante mí. Entonces empezó a subirme la falda y a besarme las piernas.
- Leo por favor….- Di un paso hacia atrás.
- ¿Te doy asco eh? Dímelo, ¡Dímelo!- me gritó. De repente el miedo me inundó. Estaba fuera de sí, no sabía por qué reaccionaba así, no entendía nada. Intenté esquivarle para irme pero el se puso delante de mí sujetándome por los hombros. Le mire a la cara con desprecio.
- ….Estas borracho…..- su cara se trasformo en pura agresividad. Me miro con rabia- Me voy a mi casa, no quiero estar a tu lado. Entonces me zarandeó.
- ¡Tú no te vas!
- ¡Me voy!
- ¡Te he dicho que no te vas!- dijo aun gritando más. Me puse histérica y empecé a darle puñetazos en el pecho para que me soltase
- ¡HE DICHO QUE ME QUIERO IR!- estaba fuera de mi, solo quería que me soltase, estaba asustada… no paraba de golpearle el pecho y un golpe se desvió a su cara…
Abrió los ojos todo lo que pudo. Me empequeñecí. Sentí un empujón y caí sobre una mesita. Sentí el pico de madera clavarse en mi espalda. Entonces descargó toda su rabia dando un puñetazo en la pared. Me quedé tirada en el suelo temblando y llorando. Creí que de aquella nunca saldría viva…
- ¡Nunca jamás vuelvas a pegarme!- Me gritó mientras yo estaba paralizada.
Sus ojos se pusieron acuosos, su gesto se enterneció, y se arrodilló delante de mí, empezó a llorar y a besarme las manos.
- Perdóname por favor… perdóname…
Yo no daba crédito, no entendía nada….. solo sabía que quería salir de allí cuanto antes… Me levante y me dirigí hacia la puerta. Leo me cogió el tobillo y me miró con lagrimas en los ojos desde el suelo.
- Duerme, estás como una cuba.
Y abandoné el estudió.
5
No quería abrir los ojos. Estaba escuchando a un pajarillo cantar y no me gustaba, porque eso quería decir que el mundo ya había amanecido. Pero yo aún no estaba preparada. Solo pensar que tenía que enfrentarme a él me provocaba… mariposas no, polillas en el estómago… Tenía la boca asquerosamente seca, de hecho en ese momento recordé cómo soñaba que me levantaba hacia el fregadero a beber agua… uno de estos sueños en los que crees estar despierta y en ellos calmas tus necesidades, pero en realidad no me había movido de la cama. Por eso ni siquiera podía tragar saliva… otra vez…..
Cogí el móvil. Llamé a Juan.
- Juan
- ¡Hola! ¿Que tal?
- Bueno… te llamaba para decirte que hoy no voy a poder ir a trabajar…
- ¿Y eso?
- Tengo fiebre y estoy en la cama… si quieres voy… pero no me encuentro nada bien…
- Ay….. es que vas tan destapada por la calle que no me extraña que te pilles esos catarros…….- sonreí, era un cielo.- No te preocupes, no vengas ni hoy ni mañana y aprovechas el jueves que tienes libre para recuperarte. Ya arreglaremos más tarde lo de los días libres y demás, ¿te parece bien?
- Muchas gracias Juan…
- De nada, y cuídate. Hasta luego
- Hasta luego…
“Duérmete… no pienses……”
Me desperté. El móvil estaba vibrando. No quería hablar con nadie ni ver a nadie, solo quería morirme…
Siguió vibrando.
Lo miré: “NO COGER”
Descolgué.
- Deja de llamarme si no quieres que mi novio te arregle la cara.
Colgué.
Me quedé dormida…….
Me desperté… la habitación estaba muy a oscuras… miré el reloj, las 12 de la noche. Me levanté a beber agua, pero no encendí la luz ni me acerqué a la ventana. Luego volví a mi habitación y subí un poco la persiana para que entrase la luz de la noche, o me suicidaría.
“Desaparecer….”
Rayos de luz me obligaron a volver a cerrar los ojos. Me giré. La una de la tarde. Me quedé tirada en la cama mirando al techo.
Cogí el móvil.
Esperé a que descolgasen:
- ¿Sí?- Echaba de menos su voz…… Le echaba tanto de menos…..
- Milo….- hubo un silencio. Continué- Estoy hecha una mierda…..
- Peque… – Era su forma cariñosa de llamarme. Sonaba a cansancio.
- Antes de que digas nada… tu no sabes por lo que he pasado estos días… no quiero volver contigo pero por favor… ver a verme o voy a cometer una tontería….- Me estaba arrastrando… – Se oyó un largo suspiro…
- Ahora sabes que tenemos que pasar una temporada distanciados…..
- …Pero por favor…..
- No – me cortó
- Milo… no me hagas esto, no me abandones……- dije llorando sumida en la desesperación.
- …He dicho que no. Y no me obligues a darte una mala contestación. No vuelvas a llamar, la próxima no te lo cogeré. Cuídate. Adiós.
Me colgó…
……………………
Gelín abrió la puerta y abrió los ojos como si estuviese viendo un fantasma. Sin decir ni pío me rodeó con el brazo y me hizo pasar.
Yo estaba despeinada, pálida, hacía mucho que no comía. Subí a su casa con un camisón y envuelta en una manta. Tenía la cara hinchada de llorar y ojeras.
Me sentó en el sofá y me preparó un colacao.
- Por Dios… ¿qué te ha pasado?…
Rompí a llorar sin poder decir ni pío. Me acurruqué entre sus brazos.
- Sabía que tarde o temprano pasarías por esto- me dijo… yo no le hacía caso, solo lloraba y lloraba.- Ven, vamos a la cama.
De repente alcé la mirada y le miré con terror.“Tú también no”…
-Tranquila… no va a pasar nada… te prometo que solo voy a estar a tu lado.
Me llevó hasta la cama como si fuese una enferma de parkinson. Me tumbó y se echó a mi lado. Empezó a acariciarme el pelo. Suave… suave…..Ahora entiendo por qué se llamaba Ángel.
- shhhhh…… tranquila….. solo necesitas descansar…….
….Me dormí en sus brazos…