Fantasía número 1

Febrero 26, 2007 at 11:38 pm (Relatos)

Eran las 10 de la mañana. El sol daba directamente sobre mi libreta y mi cabeza. Aquello se hacía pesado. El resto de mis compañeros estaban tirándose bolas de papel y saltaban por encima de las mesas de la clase. Me sentía como una extraña entre tanto crío. ¿Cómo iba a querer perder mi virginidad con semejante panda de infantes? Bueno, con 16 años ya me picaba la curiosidad, y tenía ganas de probarlo. Estaba harta de fantasear, aquello acababa siendo frío. Me gustaba masturbarme, tocarme con el dedo… Soñaba, me dejaba llevar, y llegaba al orgasmo. Pero las fantasías ya llegaban a ser demasiado recurrente y estaba harta de pensar en las mismas caras, caras de actores que salían por televisión, por que lis niños de mi clase no me iban, y aquello tampoco era satisfactorio, por que sabía que a los actores nunca podría llegar a tocarles…

Aquello se me hico monótono, faltaba algo. Teníamos un utensilio que yo muchas veces me preguntaba que sería, pero no tenía ni idea. Era como una especie de cilindro de madera, que acababa en forma de punta de lápiz, era como una lápiz de cera de “plastidecor”, solo que más grande y de madera, estaba barnizado por muera y tenía motivos florales tallados por fuera.

- “Mamá, ¿qué es esto?”
- Es un regalo que me tallo tu abuelo, sirve para machacar el perejil en el mortero de madera, pero me da pena utilizarlo y que se ensucie.

Tranquila mamá, ya le he sacado yo utilidad. Y con él sacié mis deseos, aquello era mejor, me llenaba y pronto se adaptaba al calor que surgía de dentro de mí. Fue curioso, no tope con ningún tipo de membrana como me imaginaria. Si, la primera vez que me lo introduje me dolió un poco y noté un ligero desgarro, pero muy suave… estaba tan excitaba y sentía tales pinchazos en las paredes de mi vagina que apenas noté dolor alguno. Tal vez el himen se me había roto haciendo gimnasia rítmica…..

Pero mi amante Pinocho (un apodo cariñoso que le había puesto) también empezó a aburrirme. Y empecé a hacer tríos con él y con Chofi, que era la alcachofa de la ducha. Juntos hacían la mezcla perfecta…..

…Aun faltaba el calor humano…

El profesor entró por la puerta. La jauría que me rodeaba se sentó y yo me quedé mirándole como quien mira una tarta de merengue y chocolate… mmmmmmm…..me deshacía cada vez que le miraba.
Podría ser mi padre, tenía unos 36 años. Era moreno, alto, y tenía los ojos Verdes. Su tez era pálida y solía dejarse barba de cuatro días. Llevaba anillo de casado. Pero eso me daba igual.

Enseñaba lengua y literatura, se llamaba Jose Antonio y era de León. Además era tan irónico con sus comentarios….. eso me ponía a cien. Se reía de nosotros a la cara, y yo le admiraba por ser tan hijo de puta. Deseaba tirarle encima de la mesa, arrancarle la ropa y follármelo delante de toda la clase. Pero allí estaba, como una adolescente enamorada mirándole mientras se me caía la baba.

Estábamos viendo sintaxis. Él escribió una frase en el encerado y preguntó por alguien que saliese a hacerla. Nadie quería. A mí me encantaba esa parte de la asignatura, y Jose Antonio lo sabía. Así que como nadie se atrevió a salir, me miró y me soltó un guiño de complicidad:

- Venga, que lo estas deseando- dijo mientras sonreía. Yo salí a la pizarra más feliz que unas castañuelas. Sabía que el resto de la clase me odiaba por enchufada, pero a mí me parecían una panda de bebés.

Empecé a analizarla. Sujeto… verbo… predicado… Llevaba puesta una falda a cuadros azules y negros muy corta y una camiseta de algodón blanca. Mis gafas de pasta y dos coletas. Sabía que el look colegiala les ponía como motos, y me gustaba provocarles. Desde que entré en la adolescencia todo el mundo me repetía lo bonitas que eran mis piernas, así que yo quería sacarles el máximo partido. Terminé.

Me giré y miré la cara de mis compañeros. Me odiaban. Miré a Jose Antonio, que tenía la mirada puesta más abajo. Alzó la vista y se puso rojo.

- A ver como está- dijo volviéndose violentamente al encerado.- bien, puedes sentarte.

Me senté. Mientras, obligó al resto de la clase a salir uno a uno a analizar el resto de las frases. El se acercó a la ventana y mientras los chicos iban saliendo uno a uno él miraba ausente hacia al patio. ¿Estaría pensando en su mujer? Eso no me hacía gracia. De vez en cuando se volvía para corregir las frases y mandar salir a otro alumno, pero él estaba en otro mundo….. y yo no apartaba sus ojos de él.
Camisa de cuadros azules y blancos. Vaqueros. Estaba de perfil. No pude evitar mirar más abajo de su cinturón, tenía una mano apoyada en la cadera, en la que llevaba el anillo. Imaginaba el bulto que podía hallarse tras la tela vaquera, me apetecía levantarme y arrodillarme ante él, desabrocharle los pantalones y sentirla dentro de mi boca, pasar mi lengua, sentir sus venas, apretar con mis labios y succionar; quería que expulsase su liquido caliente, sintiéndolo resbalar por mi garganta…… Miraba su mano….quería que mi culo fuese envuelto por ella….. sus dedos….gruesos y alargados, rectangulares en la punta….. deseaba sentirlos dentro de mí, resbalando en mi flujo y acariciando mis paredes, quería que su lengua recorriera mis muslos. Apreté las piernas y di un respingo. Estaba húmeda, sentía pinchazos, si seguía contrayendo así de fuerte la vagina acabaría sufriendo un orgasmo en medio de clase… así que intenté hacerle caso a las frases.

Estaba realmente mojada. Tenía miedo que el flujo traspasase mis bragas y dejase una manchita en la falda……. eso sería vergonzoso….. así que me puse como un tomate pensando en la posible tragedia.

……………..

Sonó el timbre.

- Paula, en el recreo ven a mi despacho- Me quedé flipada. Mi mente empezó a pensar perversidades pero la paré y pensé: “no puede ser posible…..”
- Por? He hecho algo mal?
- No no tranquila, solo quiero pedirte un favor. Ven a verme en el recreo.

Las horas siguientes las pasé hecha un manojo de nervios. ¿Qué quería pedirme? ¿Me tiraría los trastos? Oh….. soñaba con aquello. Paula, deja de fantasear. Tal vez se había dado cuenta de que estaba coladita por sus huesos y quería llamarme la atención para que me olvidase del tema… que vergüenza… ¿qué sería?

Llegó el timbre del recreo. Fui corriendo hasta su despacho, no podía aguantar más. Me detuve ante la puerta antes de picar. El corazón me galopaba y se me cortaba la respiración. Piqué.

- Pasa. Siéntate – dijo sonriente. Me senté y él se levantó, empezó a dar vueltas por la habitación “no Dios mío…..”- Verás. – comenzó- Me he dado cuenta de que se te da estupendamente la gramática. Y no solo eso, sino que además te apasiona. Me encanta el interés que pones en clase (aunque a veces me gustaría que dejases colaborar más al resto). Así que quería pedirte un favor. Estoy llevando el grupo de los que están en “diversificación”, osea, los alumnos que van más retrasados y que van a dejar el año que viene el instituto. ¿Te gustaría ayudarme a darles clases de apoyo?

Ohhhh… de repente respiré profundamente y me relajé. Me dejé caer desplomándome contra el respaldo de aquella silla tan mullida. ¿Por qué no eran así las de clase?

Le dije que sí, que encantada. Empezamos a hablar de cómo podíamos hacerlo, y hablar y hablar y de repente le vi ponerse rojo y cambiar la vista hacia otro lado.

- Y bueno, hay una chica que lo lleva bastante mal… con ella me gustaría que tuvieses especial paciencia….- Seguía hablando sin mirarme. ¿Qué pasaba? Qué había hecho…

Mierda… me había relajado tanto que pequé de cómoda y se me había doblado uno de los pliegues de la falda hacia arriba, mostrando mi muslo y dejándose ver un poco del blanco de mi braguita. ¡Muerda! ¡Encima ese día llevaba unas bragas desastrosas!

Me puse la falda bien y bueno, terminamos la conversación un poco avergonzados y sin mirarnos a los ojos.

Las semanas siguientes fueron fantásticas, él comenzaba el grupo de apoyo y luego me dejaba sola con ellos, haciendo mi tarea de “profesora”. Me sentía mayor.

Hasta que llegó la cena de fin de curso…… Éramos un monotonazo de alumnos. También vinieron los profesores. Era una despedida para los que abandonaban el instituto y no se quedaban en el Bachillerato. Algunos empezarían módulos de F.P., otros empezarían a trabajar.

Durante la cena bebimos sangría, vino, chupitos… en fin… todos contando chistes, el profesor de historia cantando “Santa Bárbara”… Yo estaba roja por el efecto del alcohol y estaba muerta de la risa. Y no hacía más que mirarle al otro extremo. De vez en cuando me devolvía la mirada con una sonrisa. Yo ese día quería estar deslumbrante y me había puesto un vestido de satén rojo, que me llegaba por la rodilla y se ataba en el cuello. Me até una coleta alta para que él pudiese admirar mi cuello. No me maquillé, estábamos en la entrada del verano y mi cara ya había cogido algo de color, así que solo me puse brillo en los labios.

Fuimos a una discoteca que habíamos alquilado, la teníamos para nosotros solos, y allí empezó el desmadre. Profesores con corbatas en la cabeza bailando el corro con los alumnos, la profesora de plástica ligando con un camarero…. en fin…. Jose Antonio sostenía una copa y hablaba animadamente con Rebeca, la profesora de gimnasia. Les miré. Se reían mucho. Me puse terriblemente celosa. “Paula, eres una cría, ¿acaso pensabas que se iba a fijar en ti?”

Entonces me acerqué al chico más popular de la clase. Era un autentico imbécil y no nos podíamos ni ver. Era guapo, presuntuoso y se creía el rey del mundo. Yo le parecía fea y me llamaba gafotas, pero ese día yo estaba distinta, ya parecía otra cosa, así que el chico que llevaba bastante alcohol encima empezó a acercárseme bailando. Y le seguí el juego.

Tenía que captar la mirada de Jose Antonio como fuese. Empecé a moverme suavemente delante de Sergio, que posó sus manos en mi cintura. Yo me sentía como una serpiente entre ellas, la tela de mi vestido subía y bajaba por mi piel. Y me acerqué a él. Me pegué contra él sin apartar mis ojos de los suyos, y comencé a restregarme. Me mordí el labio… era una zorra. Se le puso dura y se me escapó una carcajada, él también se rió, seguí restregándome con fuerza contra él y pasé mi mano entre

nosotros

dos…

Sergio se acercó su cara a la mía para besarme, pero yo me giré y miré para la “parejita de profesores”. Rebeca seguía parla que te parla… Pero Jose Antonio estaba serio y tenía los ojos posados en mi.
Al sentirse cazado bajó la vista. Luego se giró a Rebeca y le dijo algo. Ella asintió y se rió. Él se dirigió a los baños de hombres y Rebeca vino bailando hacia el resto de la tropa. Vaya pedo que llevaba.

Yo fui detrás de Jose Antonio.
- Eh! Oí decir a Sergio.- Me giré y me acerqué a él
- Lo siento, estaba muy borracha y no sabia lo que hacía… creo que voy a vomitar al baño…..

Y allí le dejé con un calentón de tres pares de narices.

Llegué al pasillo de los baños. Estaba vacío. Se oía la música que quería atravesar las paredes insonorizadas, pero allí reinaba el silencio. Le estuve esperando en la puerta…..

Salió. Se quedó paralizado y me miró.

- tengo que hablar contigo- Le dije

Él agachó la cabeza.

- Paula, estoy un poco mareado… el alcohol no me ha sentado muy bien…
- Ven al baño de chicas, hay un tocador con asientos muy cómodos, allí te sentirás mejor.

Entramos. Yo sabía que en aquel sitio solo había gente de nuestro instituto, apenas había vigilancia por que era una fiesta privada… así que mientras Jose se acerco al lavabo yo cerré con pestillo la puerta de los baños. Nadie molestaría, las mujeres, con el ciego que llevaban, irían a mear al baño de tíos sin problema.

Estaba allí, enfrente del espejo.

Me acerqué. Me senté de espaldas a ellos encima del mármol, mis pies colgaban.

- Qué quieres Paula.
- Que quieres tú

Nos quedamos en silencio. Me miro y bajó su vista por mi cuerpo. Sentía que me desnudaba con la mirada….. sentí un escalofrío y los pezones se me marcaron bajo la tela de satén.

Posó su mano en mi rodilla, y empezó a colarla por debajo de la tela mientras la seguía con la mirada. Su mano abarcaba todo mi muslo. Gemí y cerré los ojos.

- Paula, estoy casado
- No me importa, yo no me quiero casar contigo…

Me encanta lo prohibido.

Sus dedos empezaron a tocar la goma de mi tanguita y se metieron por dentro. Cosquillas… acariciaba mi pelo. Yo seguía con los ojos cerrados…

- ¿Eres virgen?
- No te preocupes por eso, la perdí haciendo gimnasia.
- No es por eso, es por que no quiero ser yo quien te desvirgue.
- No lo soy- Mentí
- …Eres una niña….. – dijo con tono sombrío

Dejé caer mis sandalias y apoyé mis talones sobre el mármol frío, abrí las piernas, y esperé mirándole a la cara como quien espera a un ginecólogo.

Se puso delante de mí. Pasó sus dedos por mi cuello. Me mordí los labios. Volví a bajar los pies. Y me quedé sentada muy cerca de él, él estaba entre mis piernas pero no me rozaba. Se acercó y me beso. Sabía a gloria. Metió su lengua dentro de mí y empezó a lamer la mía, estaba tierno, liquido, le mordí el labio inferior con pasión, empecé a devorarle, me sentía cada vez más mojada. Me dolía. Nos pegamos el uno contra el otro y acarició mi peso con su gran mano. Cerré mis piernas alrededor de su trasero. Sentí su virilidad queríendo traspasar el pantalón y hundirse en mi agujero.

Ronroneaba, me encantaba ronronear, lo había visto en las películas y yo decía “yo también quiero hacerlo”.

Entonces mis manos temblorosas empezaron a desabrochar con frenesí su cinturón, desabrocharon su botón y bajaron la cremallera. El se bajó un poco los pantalones. Y después los calzoncillos… Me miró para comprobar si por el gesto de mi cara era la primera que veía. Pero disimulé muy bien. Aquello era….. terrible….. apartó mi fino tanga a un lado y acercó solo la punta. Empezó a pasearla por arriba y por abajo… resbalaba….me daba un intenso placer

“Me corro…” pensé “¿quieres matarme? Hazlo ya…”

Entonces me penetró.

Ahhhhh!………… grité mientras me dejé caer sobre el espejo. Él se pegó a mí. Le sentía dentro palpitar, le sentía machacarme. Apoyó su barbilla en mi hombro y metió sus manos por debajo de mi trasero, quedé sentada encima de ellas. Empezó a penetrarme salvajemente… las vértebras de mi cuello se clavaban contra el espejo, tenía mi espalda completamente encorbada hacía arriba. Me hacían daño, pero me daba igual… el calor me inundaba, su pene me estaba deshaciendo, lo hacía de tal manera que mi clítoris era rozado por su virilidad cada vez que entraba y salía. Me iba. Gritaba y le clavaba las uñas en la espalda. Me mordió el cuello, quería desgarrármelo, yo le clavé más fuerte las uñas mientras gritaba , y gritaba. Clavó más, clavó MÁS en mi, su respiración empezó a entre cortarse….Seguía sintiendo como rozaba dentro de mi, las contraía para apretar falo y que así él me adorase…..

….. yo empecé a sentir que estallaba…….

……y me corrí……… y él empezó a gritar … de repente empezó a moverse lentamente mientras eyaculaba dentro de mí…..

Ahora tengo 30 años. Mi hijo Jose Antonio, la persona a la que más quiero en el mundo, tiene 14. Nunca supe más de su padre…

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