Cuento de invierno

Febrero 23, 2007 at 4:27 pm (Relatos)

Me desperté sobresaltada. Hacía frío y Lucky estaba a mi lado dormido. Suspiré, aliviada, y a la vez decepcionada. Aun sentía el olor a Camel. Cerré los ojos y acaricié con mis labios la almohada…..

Nunca pasará. Ni siquiera sabes si te atreverías…..

Me hice una bola bajo la manta y comencé a recordar el sueño, quería volver a vivirlo.

…….Jingle bells, jingle bells, jingle all the way!
O what fun it is to ride in a one-horse open sleigh…….

El villancico resonaba por la emisora del autocar. El calor de la calefacción empañaba el cristal y poco me dejaba ver más allá. Allí estaba sentada en uno de los asientos, era de noche y estaba nevando. Pronto llegaría a mi destino.

Bajé las escaleras con el equipaje. Había llegado. Aquello era una especie de pueblo perdido en la nada. Los faros de los coches por la carretera hacían espadas en la niebla, y miré a mi al rededor cuando el autocar arrancó.
Había una especie de motel de mala muerte, el letrero estaba iluminado con bombillas de colores anunciando la época navideña. Pasé dentró del bar del motel, no sé exactamente qué o a quien buscaba. Me senté en la barra de aquel acogedor local. Todo de madera, humo de tabaco y puros por todas partes, varias botellas de cerveza de todo tipo en las estanterias. Era una cervecería bastante peculiar.

Había muchos hombres: camioneros, sesentones jugando la partida, algún borracho que otro… ni una sola mujer.

“Hola Alicia….” me dijo alguien a mi lado. Me giré en el taburete. Sentado había un hombre de unos 37 años, delgado alto y de pelo negro. Sus ojos eran azules. Su piel estaba muy enrojecida y olía a vino que tiraba para atrás. Tenía barba de dos dias, sus dientes estaban amarillentos… realmente se le veía muy desmejorado……

- Cómo sabes cómo me llamo?
- Me lo dijo él. Sabia que vendrías por aquí, estaba ocupado en casa trabajando y me dijo que si podía bajar a buscarte.

Su voz era ronca, y me miraba con cara lasciva mientras hablaba, sus ojos no hacían más que intentar examinarme el trasero.

- ¿Y tú quién eres?
- Me ha traído aquí para hacer terapia conmigo, mi mujer me ha dejado y no sé a donde ir. Quiere ayudarme….
- Ah….- dije con tono bastante desagradable…. – Dime donde está la casa.

…..

La puerta estaba entreabierta. Venia cargada de maletas . Aquel estudio desprendía calidez, la luz tenue le daba un ambiente familiar. Tras el ventanal se veía la nieve caer. Sobre la mesa el ordenador estaba encendido y los papeles se mezclaban de una esquina a otra.

- Pasa bonita, deja las maletas donde puedas- Le oí decir desde algún lado del apartamento. sonreí, estaba llena de felicidad, su voz familiar, amistosa, mi cómplice, amigo y maestro.

…..

De repenté aparecí sentada en el escritorio, es como si hubiesen pasado horas desde mi llegada al apartamento y ya me hubiese asentado. Estaba muy concentrada haciendo una análisis de no sé qué, era una tarea que me había encargado E, estabamos realizando juntos un estudio y por eso había ido a pasar allí los días a su pequeño retiro personal. Contar datos y más datos de los folios, estaba empezando a dolerme la cabeza.

Salí a la calle y me puse de cuclillas en la nieve. Quería que el frío de despertase. Un perro callejero blanco y negro se acercó a mi para que le acariciase, y hundí mis manos en su pelaje. Mientras acariciaba a mi desconocido amigo, miraba hacia el motel. El vaho de mi aliento se interponía entre nosotros.

“Me apetece ir a tomar una cerveza de trigo a la taberna….” pensé, pero algo me inmdicó que no lo hiciese y subí de nuevo al apartamento.

Según entré por la puerta ví al hombre delgado rabilando histerico en el ordenador.

- Eh! qué haces! – le grité y fuí corriendo a apartarle, podía estropear mi trabajo si pulsaba alguna tecla inadecuada

-Necesito hablar con él, lo necesito- dijo con la voz temblorosa mientras me aferraba por los hombros. Me estaba asustando de verdad

- Donde está E.

- No lo sé, se ha ido con un colega de la asociación a tomar algo, tenían que charlar de no sé qué proyecto.

Este hombre estaba histerico, y me daba asco, y le tenia miedo, y yo sabía el número del movil de E…. Pero yo no tenía saldo.
Encima de la mesita de la televisión me encontré un movil. Fuí y le escribí con él un mensaje a E:
“alguien aquí necesita ir a hablar contigo, dime donde estás”.

Inmediatamente recibí un sms de E en mi movil: “Alicia, sé que eres tú, no hace falta que ocultes tu número desde otro movil. Anda, bajate al bar y nos tomamos algo”.

Quedé fría. Sí, la cosa no tiene mucho sentido la verdad, pero los sueños, sueños son. Fría, pálida y quieta como un bloque de hielo. No sabía que significaba eso. Pero de repente me sentia muy excitada. Me giré y miré al hombre delgado y desmejorado. Estaba sentado en el sofá, mirándome fijamente con un sonrisa diabólica y con su mano indicó la puerta: “vete que te está esperando”.

No entendí nada. Aparecí delante de la puerta del pub cervecería. Volví a sentir las irremediables ganas de una jarra de cerveza de trigo, tostada, necesitaba sentirla correr por mi garganta. Allí estaba ante la puerta, con una sandalias y un vestido de tirantes de gasa negra y verde, por las rodillas. Se pegaba a mi piel. El pelo caía sobre mis hombros. No llevaba abrigo, sentía caer la nieve sobre mi y me daba placer.

Entré y Ví a E apoyado en la barra de pie con un hombre mayor, medio calvo de pelo blanco. Ambos sostenían una copas de un licor oscuro, E fumaba su Camel y su colega fumaba un puro. Parecían tener una conversación muy animada.

Era la primera vez que le veía en todo el sueño, estaba tan atractivo… Con sus cuarentaitantos años y esa barba poblada medio canosa. Llevaba una camisa de rayas azul , como sus ojos, y unos pantalones de pinzas grises.

Giraron su vista hacia la puerta y sonrieron, su colega le dió en el hombro, se despidió de él y se marchó.

yo seguía inmobil allí.

E se sentó en su taburete y con su mano palmoteo sobre el taburete de su lado, para que le hiciese compañía.

Me acerqué y me pusieron la jarra de cerveza tostada.

Me miraba y me sonreía, no sé, no era una sonrisa sexual, ni maquiavelica, era una sonrisa cariñosa.

Entonces me relajé y le devolví la sonrisa.

- Voy muy bien con la investigación – le dije mientras me giraba para dar un sorbo de la jarra. mmmmm……
- Alicia, sabes que no te he pedido que bajases para hablar de eso.

Me volví hacia él sorprendida y ahora su cara si que habñía cambiado, sus ojos me miraban de otra forma, estaba jugando. Y a pocos centimetros en uno del otro deslizó su dedo por debajo del vestido y empezó a acariciarme el muslo. De arriba a abajo…., mientras no apartaba sus ojos de los mios.
Mi corazón galopaba y gemí, se me entrecortaba la respiración.

Se puso de pie y abrió mis rodillas, para hundirse entre ellas, su mano se deslizó más hacia arriba….acercó su cara a la mia, estabamos a muy pocos centímetros…… sus yemas acariciaron mi muslo y subieron hasta toparse con el cordoncillo de mi lencería de atar, los dedos se enrroscaron en el y empezó a tirar lentamente de mis braguitas hacia abajo…….

….le deseaba con cada milimetro de mi piel, con cada poro de mi cuerpo, cerré los ojos y aproximé mis labios a los suyos, pero me detuve al sentir la punta de su nariz rozandose sobre la mía, la acaricié suavemente, y con los labios entreabiertos sentí como su aliento con olor a tabaco me tentaba con los suyos. Yo tenía los ojos cerrados, pero sabía que E sonreía, y más que nunca, porque controlaba la situación, con su mano bajo mi vestido.

- ¿Eres capaz de acercarte un milímetro más y besarme?- Dijo E

Y me desperté.

1 comentario

  1. Sherezade dijo:

    En ese incosciente está nuestro deseo, luego entonces soñamos y luego…… queremos soñar despiertos ese sueño…….

Escribe un comentario